¿Antorchas ardiendo? ¿O lámparas apagándose?

31BC3FC7-BA46-4E54-9191-5B56E5C58ADCEl Señor dedica una de sus más maravillosas parábolas (Mateo 25:1-13) para dar énfasis al peligro que hay en no preparar nuestra vida para su segunda venida. Hay dos grupos de vírgenes, y la única diferencia es que un grupo esta preparado y otro no. Así será la iglesia dividida en dos porciones o grupos: el grupo moribundo o casi muerto, y el grupo vivo.

Por D. M. Panton

Inmediatamente después de esta parábola, Él muestra a diez de sus siervos ante el tribunal celestial, dando cuenta de los talentos que se les había dado — nuestro discipulado examinado por completo en sus actividades para Dios (Mateo 25:14-30; Lucas 19:12-26). Pero antes de esto, diez vírgenes (diez, en ambas parábolas como a través de todas las Escrituras, es el número de la responsabilidad), seleccionadas para ser madrinas de bodas, están mostrando su carácter en lugar de sus obras; ¡ellas son antorchas ardiendo o lámparas apagándose! (Mateo 25:1-13).

Esta parábola, al contrario de la parábola de los talentos, demuestra no tanto lo que hemos hecho durante el tiempo de nuestra conversión, sino el hecho de lo que realmente somos, para encontrar al Amado personalmente.

Todas las diez vírgenes están esperando el regreso de Cristo y están seleccionadas como madrinas de bodas para la cena de las bodas, la cual es para celebrar el reino; todas las diez son creyentes y están conscientes y ciertamente esperando el evento, y han aceptado la invitación a la fiesta de la boda.

Dispuesta como una esposa ataviada para su marido

(Apocalipsis 21:2)

La descripción de las diez madrinas de bodas pone de manifiesto su relación espiritual con Cristo. Todas ellas son “vírgenes”. Como dice Pablo, hablando de “todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 1:2), “os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Corintios 11:2). Todas están sumadas como “el reino de los cielos”.

Las vírgenes fatuas, tanto como las prudentes, no profesan ser madrinas de bodas, y ser vírgenes, pero están descritas por nuestro Señor como tales, habiendo sido seleccionadas por Cristo y así hechas madrinas de bodas. Y la única diferencia entre los dos grupos, como está declarado por el Gran Juez, es que un grupo está completamente preparado para la segunda venida de Jesús, el Hijo de Dios, ¡y el otro no!

Ser una vírgen es la finalidad de un cristiano; él está llamado a la pureza, la santificación, y a la abstinencia de prostitución espiritual, la cual es idolatría. Los incrédulos, quienes están sin ninguna expectación del Señor, no pertenecen a ninguna clase de vírgenes. Si alguna de ellas hubiera sido incrédula, nuestro Señor no la hubiera descrito como integrante del “reino de los cielos”.

Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas

(Lucas 12:35)

Ahora el cuadro se cambia a lo de cómo el cristiano viviente debe estar en una completa y adecuada preparación para la segunda venida.

“Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas” (Mateo 25:3,4).

El aceite es el Espíritu Santo y la gracia que Él imparte. Todas las diez vírgenes han encendido sus lámparas. “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14); vosotros “erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor” (Efesios 5:8); vosotros “resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15).

Para encontrar nuestro Señor en el día del juicio, ¡es necesario algo más que conversión!

Así como un motor lleva gasolina separada en un tanque adicional además de la gasolina que está trabajando en el carro, de igual manera, se requiere provisión de gracia fresca además de la conversión para preparar un definitivo santo. La justificación encendió la lámpara; solamente la santificación la mantiene ardiendo.

El grito de medianoche divide la iglesia

Entonces ahora llega la crisis. “A la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo!” (Mateo 25:6).

Las medianoches en la historia del reino de Dios, son los últimos períodos de la época que lentamente va expirando. Es medianoche para la iglesia de Cristo cuando el espíritu mundano es tan dominante que lleva la iglesia al curso común de este mundo. En tal época los fieles son más tentados que nunca para que abandonen su vida en preparación para la cena de las bodas del Cordero, y rindan su convicción en su llamamiento, en la fuerte prueba por la cual atraviesa la iglesia en la aparente tardanza del Señor.

Entonces surge a medianoche el grito sobre la iglesia y el mundo, y la crisis divide la iglesia. Aun más, los creyentes que aceptan la venida de Cristo como un hecho, y quienes se han preparado o se están preparando para encontrar al Señor, se dividen en el grito de medianoche. La diferencia entre las madrinas de bodas no se revela en una forma clara hasta que llega el Esposo.

Como los siervos malvados y los siervos fieles en la próxima parábola (Mateo 25:14-30), así será la iglesia dividida en dos porciones o grupos: el grupo moribundo o casi muerto, y el grupo vivo. A medida que el tiempo pasa, la división o separación se hace más notable; y al final, será vista en una manera espantosa, como la base del juicio por el cual la iglesia tiene que pasar.

El pasmoso grito —”Salid a recibirle”— llama la atención de todas las vírgenes a sus lámparas, y a medida que las “despabilaban”, removiendo las cenizas muertas que detienen o apagan la llama, las vírgenes fatuas descubrieron su error, y gritaron: “¡Nuestras lámparas se apagan!” (Mateo 25:8).

El texto griego, al margen de nuestras Biblias, es más correcto al traducir: “Nuestras lámparas se están apagando”. Si sus lámparas “ya se hubiesen apagado”, hubieran tenido que solicitar también permiso de sus compañeras para encenderlas de nuevo, de lo cual nada leemos.

¡Su error abunda a nuestro alrededor en este momento! Muchos hoy han basado todo en su conversión; ellos hacen hincapié en la gracia como si fuera todo, y estar bajo la ley de Cristo como cosa pequeña o nada; ellos arguyen que de alguna manera todo va a salir bien, y que no hay verdadera necesidad para la urgente exhortación a estar velando.

Los espectadores probablemente percibieron el estado de sus lámparas con anterioridad—la débil llamita, la torcida mecha, el crepúsculo en el cuarto—la creciente oscuridad infaliblemente se traiciona a sí misma para todos los que la ven. De las miles de iglesias hoy día, y probablemente de los cientos de miles de creyentes, si es que no son millones, el grito es cierto en este momento:

“¡Nuestras lámparas se están apagando!”

No es suficiente el haberlas encendido, sino conservarlas encendidas hasta cuando Él regrese.

Ya sea que obtengan el aceite adicional o no, eso es de poca importancia; de todas maneras, cuando llegan allí ya es demasiado tarde: ¡la puerta ha sido cerrada con candado! El juicio cae ahora en las lámparas que se están muriendo. Las vírgenes prudentes entran, la fiesta comienza, ¡y la puerta se cierra!

El honor maravilloso que las vírgenes fatuas han descubierto ya perdido, y que ya no pueden reclamar por derecho, ahora lo imploran como un favor, arrojándose apasionadamente a la misericordia de Cristo: “¡Señor, Señor”, (porque Él es su Señor), “Ábrenos!”

Se han olvidado (o no lo supieron) que el tribunal, al mismo momento del grito de la medianoche, reemplazó el Asiento de la Misericordia. Las palabras firmes de nuestro Señor siguen: “De cierto os digo, que no os conozco” (Mateo 25:12).

“VELAD, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mateo 25:13).

Así es que las vírgenes prudentes revelan el destino de las que están preparadas: “Y las que estaban preparadas entraron con Él a las bodas”. Ellas son aquellas a las cuales se les administra amplia y generosa entrada en el Reino.

Era el deseo de Agustín que cuando Cristo regresara, lo hallase ya fuera predicando u orando. Jorge Müller murió mientras estaba postrado en su rostro orando delante de la presencia de Dios.

El Señor lo ha expresado en otra parte así: “Estén ceñidos vuestros lomos” (estén siempre listos, preparados para partir al instante), “y vuestras lámparas encendidas” (el brillo de un rostro encendido por Dios, sin vacilar); “y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese” (Lucas 12:35-36).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.