“SEÑOR, DAME FE”

59D2056A-0261-4AC3-B6BF-92EC31C3AA87Debemos recordarnos a nosotros mismos, las palabras de Jesús, una y otra vez, de cara a la desesperanza y a la muerte, cuando todas las posibilidades se han agotado y nada se puede hacer: “No temas, cree solamente”.

Cuando Jairo, el principal de la sinagoga, oyó que su hija amada había muerto, enfrentó una prueba final de su fe: Él fue forzado a mirar a la muerte directo a la cara. Imagínate el caos y confusión en su hogar cuando él y Jesús llegaron. Veo a la esposa de Jairo colapsando en sus brazos, llorando: “¿Dónde has estado? Es demasiado tarde, ¡nuestra preciosa hija se ha ido!”.
Como era la costumbre de aquel tiempo, se les pagaba a plañideras profesionales para que lloren y se lamenten en la escena. A pesar de que Jesús lo vio todo, dijo a los que estaban reunidos: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme” (Marcos 5:39). ¿Cuál fue la reacción de ellos? “Se burlaban de él” (Marcos 5:40).
Amados, esta escena ilustra lo que el Señor nos pide a todos. ¡Debemos caminar directo hacia nuestro lugar de confusión, con la muerte, el terror y las burlas mirándonos por encima del hombro, y obedecer esta palabra: “No temas, cree solamente”!
No sabemos si la fe de Jairo se mantuvo firme o si su corazón fue aplastado por el miedo. Sólo sabemos que todos estaban sorprendidos por lo que tuvo lugar a continuación. Jesús tomó de la mano a la niña muerta y dijo: “Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años” (5:41-42).
Debemos recordarnos a nosotros mismos, las palabras de Jesús, una y otra vez, de cara a la desesperanza y a la muerte, cuando todas las posibilidades se han agotado y nada se puede hacer: “No temas, cree solamente”. Puede que digas: “Pero cuando tengo dolor, no tengo la fuerza para creer. Estoy demasiado débil, demasiado agobiado”.
Aunque hayan pasado años de haber conocido al Señor, vamos a seguir orando: “Señor, tienes que poner fe en mí. No puedo creer por mí mismo”. Sin embargo, debes saber que el Espíritu Santo es fiel para hacer ese trabajo. Él nunca ha fallado en hacerlo. Estemos firmes en la Palabra de Dios, a pesar de todo el dolor y la pena, a pesar de todas las debilidades de la carne, como Jairo y la mujer con hemorragia lo hicieron.
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