No Quebrará La Caña Cascada P.1

 

81F55557-C676-4ADC-911A-C8666716A594Cristo no vino a forzar a la gente a que lo escuchen. El no vendrá con clamor alto y ruidoso; El vendrá como un Salvador tierno amoroso.

“Este es mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento. He puesto sobre él mi espíritu; él traerá justicia a las naciones.

No gritará, no alzará su voz ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada ni apagará el pabilo que se extingue por medio de la verdad traerá la justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra la justicia. Las costas esperarán su ley”. (Isaías 42:1-4).

Este pasaje habla sobre Jesús. El Espíritu Santo se había movido sobre el profeta Isaías para traer una revelación de cómo sería Jesús cuando viniera por primera vez. Y la apertura de palabra de Isaías aquí, “Contemplen,” señala a sus oyentes: “Prepárense para una nueva revelación sobre el Mesías.”

La imagen que viene de estos cuatro versos es clara: Cristo no vino a forzar a la gente a que lo escuchen. El no vendría con clamor alto o ruidoso; Él vendría como un Salvador tierno, amoroso. Vemos el cumplimiento de la profecía de Isaías en Mateo 12. Los fariseos habían llevado a cabo un consejo para planificar como matarían a Jesús, todo porque él había curado a un hombre con una mano seca durante el día de reposo. Mateo nos dice “cuando Jesús lo supo [descubrió] se fue” (12:15).

Cristo no respondió con ira. No lo vemos gritando contra los que planificaron su muerte. Él no fue como los discípulos, quienes querían llamar fuego contra sus oponentes, aunque Cristo pudo haber hecho eso. Él pudo haber llamado una legión de Ángeles para que se encargaran de sus enemigos. Pero Jesús no le interesaba vengarse. Era este espíritu tierno, dice Mateo, que revela el cumplimiento de la profecía de Isaías: “No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz.” (Mateo 12:19).

Isaías estaba diciendo, en esencia, “El Salvador no viene a forzar a nadie a que entre en su reino. El no viene como una personalidad fuerte, bulliciosa y abrumadora. No, lo escucharas hablar con una voz quieta y apacible en tu hombre interior”.

Así que, ¿qué hizo Jesús después que se fue silenciosamente de Jerusalén? Mateo dice que inmediatamente se fue a las afueras de la ciudad y continuó sanando a todos los que le rodeaban: “Lo siguió mucha gente, y sanaba a todos,” (12:15). Mientras buscamos a través de los relatos del evangelio, somos impresionados por el número de veces que Jesús realizó milagros pero instruyó a la gente, “No le digan a nadie de esto. No dejen que esta noticia se extienda al extranjero.” Después de sanar a dos hombres ciegos, Cristo les dijo a los hombres que se guarden el milagro para ellos mismos: “Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.” (9:30). Después que alimentó a una multitud de 5,000 y la gente trató de forzarlo a que fuera rey, “volvió a retirarse al monte solo.” (Juan 6:14-15).

Ves, Jesús no quería que la gente lo siguiera por sus milagros. Él quería que su devoción fuera porque sus tiernas palabras habían capturado sus corazones. Él quería que toda la humanidad, incluyendo cada generación futura, supiera que el vino al mundo no como juez, sino como Salvador: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” (Juan 3:17)

Considera la ternura de Jesús en dos áreas:  hacia América y un mundo pecador, y hacia su propio pueblo. Escucho una pregunta hecha por muchos creyentes hoy: “¿Por qué Dios no ha entregado a América a juicio? ¿Por qué no ha tratado con nosotros de acuerdo a nuestros pecados? Él le dio a la generación de Noé 120 años de advertencias, pero después de eso dijo, ‘Basta,’ y trajo una inundación. Dios ha soportado los pecados de América por mucho tiempo, así que ¿por qué no hemos visto sus juicios justos sobre nosotros? Amo a esta nación, y no quiero ver el juicio final de Dios caer sobre América. Quiero en vez disfrutar la prolongada paciencia del Señor. No quiero ver las lágrimas de mis hijos y nietos sobre lo que vendrá sobre una sociedad como la de nosotros.

Sin embargo, como muchos cristianos están completamente asombrados sobre porque el juicio de Dios se ha demorado. Estoy convencido que hay una sola respuesta a esta perplejidad: todo esto es debido a la ternura y paciencia de nuestro Salvador. Encontramos la prueba en la profecía de Isaías: “No quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo que se extingue” (Isaías 42:3). ¡América se ha convertido en una nación de cañas cascadas!

Una caña es un tallo largo o planta con tallo hueco, usualmente encontrado en áreas pantanosas o cerca de agua. Es una planta tierna, así que se dobla fácilmente cuando los vientos fuertes o las aguas ligeras lo golpean. Sin embargo, la caña puede doblarse hasta cierto punto hasta que finalmente se rompe y es llevada por la corriente.

Como una caña en tiempo de calma, América una vez se paraba orgullosa y alta, llena de promesa y propósito. Nuestra sociedad entera honraba a Dios, y la Biblia era considerada el estandarte de nuestras leyes y sistema judicial. Aún durante el curso de mi vida, los libros académicos consistían de lecciones e historias de la Biblia. Jesús era reconocido como el Hijo de Dios, el que le da a nuestra nación favor y bendiciones. Sin embargo, en nuestra prosperidad, nos convertimos como la antigua Israel: orgullosos y malagradecidos. Y hemos caído mucho en corto tiempo. Dios ha sido empujado de nuestras cortes judiciales, de nuestras escuelas, su nombre es burlado y ridiculizado. En la ciudad de Nueva York, un maestro puede colocar una copia del Corán o hasta una revista de Play boy sobre su escritorio, pero si trae una Biblia a clase, puede perder su trabajo.

Nuestra sociedad ha perdido totalmente su compás moral. Como resultado, la América que una vez se paraba alta, ahora está lisiada, como una caña cascada. El americano más duro y más impío sabe que esta nación se está volviendo más y más corrupto por hora. Todos saben que estamos viviendo con tiempo prestado. ¿Cuánto puede durar una nación que mata a los que no han nacido… donde los padres violan a sus hijas, madres molestan o acosan a sus hijos, y la violación o acoso de niños se ha convertido en una desgracia nacional… donde los policías se suicidan por temor y desesperación (en Nueva York solamente, ocho policías se suicidaron)… donde tantos adolescentes se han convertido en bárbaros… donde todo lo que refleja a Dios y a Cristo no solo es ignorado sino cruelmente burlado? ¿Por cuánto tiempo pueden seguir la violencia, la matanza, las violaciones?

Si recibimos lo que merecemos, América debía estar en ruinas, devastada por la anarquía. Pero Isaías dice que el tierno Jesús no rompería una caña cascada. Y aun cuando América se encuentra en total confusión, doblada y cascada por nuestros muchos pecados, no estamos todavía quebrantados. En su ternura, nuestro Señor no ha dejado que esto ocurra.

David Wilkerson

CONTINUARA

Anuncios

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.