EL PELIGRO DE LA INCREDULIDAD

C7A808E1-46FC-4F16-91A1-57895C9498CDNo podemos permanecer en temor ni dar lugar a la duda. Debemos levantarnos y estar “confiados a la sombra de sus alas.” Dios no tiene piedad de la incredulidad y toda la Escritura lo evidencia. Puede sonar duro, pero Dios no aceptará ninguna excusa; Él no concede otra opción que la fe.

Dios ha incrustado en mí un temor por la incredulidad. Este temor es el resultado de escudriñar las Escrituras para ver ejemplos de las nefastas consecuencias de la incredulidad.

Doy gracias a Dios con todo mí ser por haberme revelado el daño y la ruina causados por la incredulidad. Nosotros los creyentes hemos tomado este asunto muy a la ligera, suponiendo que Dios pasa por alto las dudas de aquellos que están afrontando gran aflicción y tiempos difíciles.

Una vez pensé que el Señor debería dar cierta holgura a aquellos que afrontan situaciones aparentemente desesperanzadoras. Por ejemplo, los discípulos en medio de una tormenta en un barco que se hunde. Mi pensamiento era: “Señor, no son más que humanos. Ellos se vieron abrumados por todo. Parecía no haber esperanza. Fue simplemente una respuesta humana.” Sin embargo, Jesús reprendió su poca fe.

Sí, hay un tiempo para llorar, cuando Jesús susurra con cariño: “Adelante, llora, yo guardo en mi redoma cada una de tus lágrimas.” Hay momentos de duelo, hay momentos en los que nos sentimos abrumados y exclamamos: “¿Señor, dónde estás? Servimos a un Padre amoroso que es tocado por nuestros sentimientos. Nuestra fe se eclipsa cuando permitimos que los temores nos abrumen.

No podemos permanecer en temor ni dar lugar a la duda. Debemos levantarnos y estar “confiados a la sombra de sus alas.” Dios no tiene piedad de la incredulidad y toda la Escritura lo evidencia. Puede sonar duro, pero Dios no aceptará ninguna excusa; Él no concede otra opción que la fe.

El pueblo de Israel tuvo diez oportunidades de confiar en Dios en circunstancias extremas; toda la crisis fue obra del Señor. La consecuencia de su incredulidad fue cuarenta años de desesperanza, confusión y dolor. Ellos perdieron la bendición de Dios, y Él dijo que no podían entrar en una vida de descanso, paz e inmensa bondad de Dios a causa de su incredulidad. Y llamó Dios a la incredulidad maligna: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad” Hebreos 3:12).

La incredulidad es causada sobre todo por negar la Palabra de Dios. La fe es imposible sin el constante alimento de la Escritura y el aferrarse a sus promesas.

Yo elijo confiar en Dios. No quiero “mi cadáver muerto en un desierto” como les sucedió a los israelitas. Dios me dijo que “ciñe tus lomos … hecha tus cargas sobre mí … deja de mirar a las circunstancias … no preguntes por qué nunca más. Aliméntate diario de mi Palabra … memoriza las promesas. Ora con confianza … cree con todo tu corazón que Dios te ama … Él no te ha abandonado. Por una noche será el llanto… Por una noche durará el lloro pero gozo vendrá en la mañana.

Cualquier situación que usted esté atravesando, aun si esta caminando por el valle de sombra de muerte, Dios promete estar con usted. Hoy, levántese y decida empezar a confiar en El. Su incredulidad no cambia nada, pero la fe abre la puerta a la liberación.

“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!
En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre;
los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto de lenguas contenciosas.” (Salmo 31:19-20).

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