El Fundamento Bíblico

   81238292-176C-437A-8C24-673C03AB893CPor Lee E. Thomas

        «La oración es tan sublime que supera la imaginación de los hombres. Cuando un cristiano ora, su poder para alcanzar logros y para hacer el bien se multiplica miles y cientos de miles de veces. No es una exageración. La razón es que cuando un hombre ora, Dios obra.» (F. J. Huegel)

    Las razones de mayor peso siempre se basan en la Biblia. Hay muchas de esas razones que se relacionan con orar por los perdidos. Me gusta como lo expresa F. J. Huegel: «Si encontramos la manera de unir nuestra débil súplica de ayuda con los grandes propósitos de Dios de que el evangelio sea proclamado y el reino de Dios sea propagado, entonces comenzaremos a orar con el espíritu y el vigor de un Pablo, de un David Brainard, de un George Müller o de un Hyde el Orador, y hemos de ser escuchados y grandes cosas ocurrirán.»

    Una de las principales razones para que oremos por los perdidos es nuestro amor por ellos. La oración ha sido descrita como «el amor arrodillado.» De hecho, fue el amor de Dios por la humanidad el que llevó a Jesús a la cruz. Fue el amor por sus cinco hermanos el que causó que el hombre rico que estaba en el Infierno orara por ellos «a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento» (Lc. 16:27-28). Y es el amor el que nos guiará a la intercesión.

    La histórica Pacific Garden Mission de Chicago ha sido poderosamente usada por Dios para rescatar a cientos de almas al borde del precipicio del Infierno. No me sorprende para nada que el enorme rótulo de neón de dieciocho pies de alto que dice «PACIFIC GARDEN MISSION» incluya el recordatorio «LAS ORACIONES DE MAMÁ TE HAN SEGUIDO.» ¡Solo la eternidad revelará la cantidad increíble de almas que han sido salvas mediante las lágrimas y las oraciones del amor de una madre! Ciertamente el amor es nuestro mayor recurso para la salvación de las almas.

    La fe es otro fundamento bíblico de la oración por los perdidos. “Si puedes creer, al que cree todo le es posible» dijo Jesús (Marcos 9:23). «Todo» incluye también la salvación de las almas. Si usted le cree a Dios por la salvación de alguien, entonces así sucederá.

    Cuatro hombres trajeron a su amigo paralítico ante Jesús, quien al ver su fe, dijo: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (Marcos 2:5). Si bien lo habían traído para ser sanado, además de eso también recibió el perdón de sus pecados. Esta es una maravillosa muestra del poder de la fe. De hecho, la fe es la moneda de curso del reino.

    Una de mis razones favoritas para orar por los perdidos es el tremendo poder que la Biblia concede a la oración. Santiago 5:16 dice que «La oración eficaz del justo puede mucho.» No podemos siquiera empezar a comprender lo increíblemente poderosa que es la oración, ya que ejerce la más poderosa influencia que existe en todo el universo.

    «La oración es tan sublime que supera la imaginación de los hombres. Cuando un cristiano ora, su poder para alcanzar logros y para hacer el bien se multiplica miles y cientos de miles de veces. No es una exageración. La razón es que cuando un hombre ora, Dios obra.» (F. J. Huegel)

    Cuando Asiria sitió a Jerusalén y el rey Ezequías clamó a Dios a favor de su pueblo, Dios envió a un ángel que mató a 185,000 soldados asirios en una noche. Si la oración es lo suficientemente poderosa como para destruir ejércitos, ¡cuánto más seguro es su poder para salvar almas!

    Si el único fundamento bíblico para orar por los perdidos fuera que Dios espera que lo hagamos, eso sería suficiente. Dios se «maravilló» cuando no pudo encontrar ni a uno que intercediera por Israel (Isaías 59:16). Esto me dice que Él esperaba encontrar a varios.

    Escuche el comentario de Andrew Murray en relación a la búsqueda de intercesores por parte de Dios: «A menudo se ha de haber asombrado y quejado que no hubiera ningún intercesor, nadie que se animara a aferrarse de Su fortaleza. Y aún hoy sigue esperando y asombrándose de que no hayan más intercesores, que Sus hijos no se entreguen a esta la más elevada y santa de las obras, que muchos de los que sí lo hacen no lo hacen más intensamente y con mayor perseverancia. Se asombra al encontrar a ministro de Su Evangelio que se quejan de que sus tareas no les permite encontrar el tiempo para esto que Él considera lo primero, lo más elevado, lo más placentero, lo único verdaderamente eficaz.»

    Según Dios, la prioridad número uno de nuestros vidas es la oración por otros. Escuche el clamor del corazón de Dios: «Exhorto, ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres…el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Timoteo 2:1-4).

    Entre los poderosos incentivos para que oremos por los perdidos también se encuentran los ejemplos bíblicos. El mayor de los ejemplos es el mismo Señor Jesús. La profecía de Isaías 53 dice que Cristo ha «orado por los transgresores.» Esta profecía se cumplió literalmente cuando en la cruz Él oró diciendo «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).

    ¡Jesús debiera ser nuestro patrón constante en la oración por otros porque Él sigue haciéndolo! Él es nuestro Salvador y Señor, el Rey de reyes que ocupa su trono en el Cielo y sin embargo, Él sigue orando por otros. Hebreos 7:25 me deja asombrado: «por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.»

    El apóstol Pablo es otro buen ejemplo para imitar. Su compasiva confesión en Romanos 10:1 es que «el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.» En su libro Nacido para la batalla, R. Arthur Mathews describe «mi oración» como «el fin de la búsqueda divina por el hombre que se pare en la brecha e interceda por un pueblo condenado a la destrucción por su propio pecado y su obstinado rechazo a la autoridad de Dios en su vida natural.» La única pregunta para nosotros es si seguiremos se ejemplo.

    Si bien hay muchas otras razones bíblicas de peso que podríamos citar para este tipo de oración intercesora, quiero mencionar tan solo una más: ¡Dios nos ha dado esa responsabilidad!

    Somos responsables por otros porque somos miembros del sacerdocio santo de Dios (1 Pe. 2:5) y los sacerdotes representan a lo terrenal ante el Cielo. Nuestra tarea primaria es pararnos entre la humanidad y Dios intercediendo por ella ante Él. Esto es exactamente lo que hizo Aarón cuando tomó el incensario y se puso entre los muertos y los vivos para detener la plaga de muerte causada por el pecado de Israel (Nm. 16).

    Dado que todos los que somos salvos también somos sacerdotes, todos tenemos la responsabilidad de interceder por los perdidos, y si no lo hacemos, ellos se pasarán la eternidad en el lago de fuego. Permitamos que la conmovedora súplica de S. D. Gordon nos hable al corazón: «No puedo resistir el sentimiento condenatorio. Para nada me agrada decirlo, y preferiría no hacerlo si tomara en cuenta mis sentimientos o los suyos, pero no puedo resistir el sentimiento condenatorio de que hay personas en ese mundo oscuro y perdido que están ahí porque alguien no puso su vida en contacto con Dios y oró.»

    Mi oración es que usted permita que estas poderosas razones bíblicas le inspiren a orar por los perdidos como nunca antes.

 

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