¿Cómo Conseguiremos La Presencia Manifiesta De Dios En Nuestro Medio?

 «Deja primero que se sacien los hijos» (Marcos 7:27). Nosotros debemos llenarnos del Espíritu Santo todo el tiempo. Es un mandamiento de la Palabra de Dios (Efesios 5:18). Jesús, la Cabeza de la Iglesia, nuestro Amo y Señor, nos invita a venir a Él y beber, y Él dice que de nosotros fluirán ríos de agua viva (Juan 7:37-38).

    ¿Están fluyendo los ríos de agua viva en ti?

W. C. Moore

El arca del pacto había sido capturado de los Israelitas por los filisteos y estaba en su posesión durante algunos meses antes de que ellos lo enviaran de regreso cruzando la frontera en Israel. Durante veinte años el arca permaneció en un puesto fronterizo en Israel (1 Sam. 7:1-2). Después de que David llegó a ser rey, él se propuso que el arca que estaba estrechamente asociada con la presencia de Dios en medio de Su pueblo debía estar en su lugar correcto en Israel, y él propuso con entusiasmo para conseguir que esto fuese realizado.

    En su primer esfuerzo para traer el arca a Jerusalén, David se conformó con los métodos mundanos de los filisteos que habían puesto el arca en un carro nuevo (1 Sam. 6:7-12), e hizo lo mismo. Él y toda la casa de Israel se encontraron con el terrible fracaso porque no estaban haciendo la obra de Dios a la manera de Dios (2 Sam. 6:1-7). «Por cuanto no le buscamos según su ordenanza», dijo David (1 Crón. 15:13). Uzías puso su mano en el arca para sostenerlo en la carreta y fue herido con violencia – una advertencia a nosotros para nunca contristar al Espíritu Santo, nunca apagar el Espíritu, nunca resistir el Espíritu de Dios (Efesios 4:30; 1 Tes. 5:19; Hechos 7:51).

    Aunque David falló en este primer esfuerzo por devolver el arca para conseguir la presencia manifiesta de Dios en su medio, él no se desanimó. Con el renovado valor él se puso a hacer la obra de Dios a la manera de Dios. «¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová? ¿Cómo el arca del Señor vendrá a mí?» David preguntó (2 Sam. 6:9). Esta vez, en lugar de intentar hacer la obra del Señor con los métodos mundanos, él hizo que el arca fuese llevada sobre los hombros de los levitas como Dios había ordenado a través de Moisés (1 Crón. 15:15).

 

La Presencia Manifiesta de Dios Para Hoy

    ¡Debemos tener la presencia manifiesta de Dios en nuestro medio en este nuestro día! Nada menos que una firme y fija resolución va a conseguir los resultados deseados que contarán para la eternidad. Las bendiciones de ayer no serán suficientes para las grandes necesidades de hoy. El hecho que nosotros HAYAMOS TENIDO la presencia manifiesta de Dios en nuestras vidas y en nuestra iglesia no es suficiente. ¡Debemos TENER la presencia de Dios CONTINUAMENTE con nosotros!

    El evangelista Carlos G. Finney que fue usado poderosamente por Dios en este país y en Gran Bretaña hace un siglo y medio, se salvó una mañana, y recibió un bautismo poderoso con el Espíritu Santo esa misma noche. Durante años Dios bendijo su ministerio para la salvación de multitudes de almas. Pero a veces él encontró que él encontraba que la presencia de Dios se había «escurrido» y que el poder manifiesto del Espíritu Santo no acompañaba sus palabras. Entonces él buscaba para recibir la unción del Espíritu Santo otra vez, y el Espíritu volvía a él con poder.

    Tome la relación del matrimonio como un ejemplo. Casarse es una cosa, pero que el marido y la esposa tengan un compañerismo continuo y amoroso es otra cosa. La esposa siempre debe ser la novia, la más querida, y el amor debe abundar en todo momento. Pero hay, de vez en cuando, tormentas en el mar matrimonial, y sólo la misma gracia de Dios puede guardar esa verdadera unión y dulce compañerismo como una realidad permanente.

    Si una esposa ha sido ofendida o agraviada por algo que su marido ha hecho o no ha hecho, eso no significa que ella lo ha dejado, o que ella le es infiel, o que ella no se considera todavía como su esposa. Pero el compañerismo ciertamente debe ser restaurado para que la ruptura no sea mayor, y si es un hogar cristiano, para que los propósitos de Dios no se vean perjudicados (vea 1 Pedro 3:1-7).

    Así que, si los que somos salvos y hemos recibido el bautismo del Espíritu Santo, y sabemos por experiencia lo que significa que el Espíritu de Dios esté en nosotros y trabaje a través de nosotros – si hemos perdido la unción, necesariamente no significa que nos hemos voluntaria y completamente apartado del Señor o que Él nos ha dejado totalmente. ¡Pero nunca debemos estar satisfechos de vivir día tras día sin tanto del Espíritu Santo en nuestras vidas como hemos conocido antes!

    «Deja primero que se sacien los hijos» (Marcos 7:27). Nosotros debemos llenarnos del Espíritu Santo todo el tiempo. Es un mandamiento de la Palabra de Dios (Efesios 5:18). Jesús, la Cabeza de la Iglesia, nuestro Amo y Señor, nos invita a venir a Él y beber, y Él dice que de nosotros fluirán ríos de agua viva (Juan 7:37-38).

    ¿Están fluyendo los ríos de agua viva de mí y de usted? ¿Acaso no es una triste verdad que de vez en cuando fluyendo de nosotros están las aguas de disputa, enojo, impaciencia, incredulidad, murmuraciones, desdén y desprecio de otros, indiferencia, tibieza, debilidad, engaño, egoísmo, orgullo, lujuria, aspereza, falta de compromiso, de amabilidad, envidia y otras cosas por el estilo? ¿No es horrible que a veces de nosotros fluyan los ríos de agua de muerte? ¡Que Dios por la causa de Jesús, tenga misericordia de nosotros!

 

¿Cómo Vendrá a Mí el Arca del Señor?

    ¿Cómo podré tener la presencia manifiesta de Dios continuamente en mi propia vida? ¿En mis propias oraciones? ¿Cuándo estoy testificando? ¿En mi propia influencia? El rey David prosiguió y puso el arca de Dios en su lugar. Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34).

    Cuando Finney encontró que había perdido la unción del Espíritu de Dios en su vida, él enfrentaba los hechos. Él no trataba de engañarse diciendo «es una prueba de fe.» Él sabía positivamente lo que era tener la unción del Espíritu Santo, y también sabía lo que era perder esa unción poderosa momentáneamente. ¡Así que él buscaba a Dios seriamente hasta obtener de nuevo los ríos de agua viva fluyendo de su vida!

 

Todo para la Gloria de Dios

1 Corintios 10:31

    ¡Nuestras vidas, nuestras palabras, nuestros hechos, nuestra influencia, deben ser todos para la gloria de Dios! ¡Y con este fin, siempre debemos llenarnos del Espíritu Santo! ¿Yo, usted, estamos obedeciendo el mandamiento de llenarnos del Espíritu? Andamos en el Espíritu tan clara y positivamente como la Palabra de Dios nos ordena que hagamos? (Efesios 5:18; Gálatas 5:16). «El que cree estar firme, mire que no caiga» (1 Cor. 10:12).

    Los que han recibido una vez el bautismo del Espíritu necesitan renovar esa llenura del Espíritu Santo, y el pecado puede entrar incluso en la vida más santa si no obedecemos al Señor y «Velamos…y siempre oramos» (Lucas 21:36). Éstos son hechos que vemos cuando estudiamos las Epístolas, y las Palabras de Jesús en Apocalipsis.

    Tome, por ejemplo, la iglesia en Éfeso. Ellos tenían el ministerio del Espíritu Santo (Hechos 19:1-6). Ellos eran excelentes en la exactitud de la doctrina, en las obras, etc. Pero los ojos penetrantes del Hijo de Dios encontraron cosas en esta iglesia celosa y ortodoxa que requería un severo reproche. Jesús dice:

    «Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor» (Apoc. 2:4). Cristo no pasó esto por alto mencionando meramente donde estaba el problema. Él no los excusó en absoluto. Él no dijo, «Bien, realmente han pasado por muchas situaciones por Mi causa. Simplemente perseveren y todo estará bien!» ¡De ninguna manera!

 

¡Arrepiéntase!

    Oiga estas palabras penetrantes: «Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco» (Vea Apoc. 2:1-7).

    En la epístola a los Efesios notamos estas amonestaciones y advertencias a la Iglesia de Efeso: «Os ruego que andéis como es digno de la vocación con la que fuisteis llamados… soportándoos…en amor…desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo… Airaos y no pequéis: no se ponga el sol sobre vuestro enojo…No contristéis al Espíritu Santo de Dios…Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.

    «Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo…Andad como hijos de luz…Sed llenos del Espíritu…y tomad toda la armadura de Dios…Orando» (De Efesios, capítulos 4-6).

 

«Prosigo al Blanco»

    Que cada uno y todos nosotros podamos despertarnos y avivarnos (Isa. 64:7), y con profunda humildad, íntegra sinceridad, enfrentando los hechos con honestidad y con la firme resolución «hasta la muerte» y con el firme propósito, digamos con Pablo:

    «Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Filipenses 3:13-14).

    ¡Que el Señor de la Gloria nos ayude a tener Su presencia manifestada en nuestras vidas y en nuestro medio!

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