La Oración Que Prevalece Parte 1

8dfa4b33-edaf-43af-86c7-be87c1ba8348La oración prevaleciente es aquella que asegura una respuesta. Decir oraciones no es ofrecer oración que prevalece. La oración prevaleciente no depende tanto de la cantidad sino de la calidad.

Por Carlos Finney

El gran Evangelista que alcanzó mas de medio millón almas de las cuales el 80 por ciento, permanecieron fieles hasta su muerte. Hoy dia se habla de supuestos evangelistas que “alcanzan” muchas almas, pero después de sus campañas estas almas, vuelven al mundo y sus pecados. No asi con Carlos Finney un hombre santo que mediante la  predicación bíblica del Evangelio y su vida de intercesión, por la gracia de Dios, logró que permanecieran convertidas la mayoría de las almas que se salvaron.

La oración que prevalece es aquella que asegura una respuesta. Decir oraciones no es ofrecer oración que prevalece. La oración prevaleciente no depende tanto de la cantidad sino de la calidad. La mejor manera de abordar el tema es relacionarlo con un hecho ocurrido en mi propia vida antes de convertirme. Lo relaciono porque sé que este tipo de experiencias son muy comunes entre los hombres inconversos.

No recuerdo haber asistido a ninguna reunión de oración hasta después de haber comenzado a estudiar leyes. Luego por primera vez, vivía en un vecindario donde tenían una reunión de oración semanal. Yo no conocía ni había escuchado mucho acerca de la religión y mucho menos tenia formuladas algunas opiniones sobre la misma. En parte por curiosidad y en parte por mi inquietud mental sobre tema, que no podía definir bien, comencé a asistir a la reunión de oración.

Durante ese mismo tiempo compré mi primera Biblia y comencé a leerla. Escuchaba esas oraciones que ofrecían en esas reuniones con toda la atención que yo podía prestarles: oraciones frías y formales. En cada oración ellos oraban por el don y el derramamiento del Espíritu Santo. Tanto en sus oraciones como en sus comentarios, que en ocasiones eran dispersos, ellos reconocían que no prevalecían en Dios. Esto era muy evidente y casi me hace un escéptico.

Al verme tan frecuentemente en sus reuniones de oración el líder en una ocasión me preguntó si no deseaba que oraran por mí. Yo respondí: “No.” Les dije: “Supongo que necesito que oren por mí, pero sus oraciones no están siendo contestadas. Ustedes mismos lo confiesan.” Luego expresé mi asombro, en perspectiva de lo que la Biblia dice acerca de la oración que prevalece. De hecho, por algún tiempo mi mente había estado perpleja y en duda al ver las enseñanzas de Cristo sobre el tema de la oración y los hechos manifestados frente a mí semana tras semana en estas reuniones de oración.

¿Era Cristo un maestro divino? ¿Enseñó lo que los evangelios le atribuyen? ¿Lo que decía lo decía con sinceridad? ¿Realmente la oración es útil para asegurar las bendiciones de Dios? Si era así, ¿qué debía pensar yo sobre lo que estaba observando semana tras semana y mes tras mes en esas reuniones de oración? ¿Eran verdaderamente cristianos? ¿Era verdadera oración, según la Biblia, lo que yo escuchaba? ¿Era la oración que Cristo había prometido que contestaría? Aquí encontré la solución.

Yo llegué a estar convencido que ellos estaban bajo una ilusión; que ellos no prevalecían porque no tenían el derecho de prevalecer. No estaban cumpliendo las condiciones sobre las cuales Dios había prometido que escucharía sus oraciones. Sus oraciones eran las oraciones que Dios habría dicho que no respondería. Era evidente que ellos estaban pasando por alto el hecho de que se encontraban ante el peligro de terminar en escepticismo con relación al valor de la oración.
Al leer mi Biblia, me di cuenta de ciertas condiciones reveladas que son las siguientes:

a) Fe en Dios como quien responde la oración. Es claro que esto envuelve la expectativa de recibir lo que pedimos.

b) Otra condición revelada es pedir de acuerdo con la voluntad revelada de Dios. Esto sencillamente implica pedir no sólo por tales cosas como si Dios estuviese dispuesto a darlas, sino también pedir en un estado de mente que Dios pueda aceptar. Me temo que es común para quienes profesan el cristianismo el pasar por alto el estado de la mente, el cual Dios requiere como una condición para contestar sus oraciones.

Por ejemplo: al ofrecer el Padre Nuestro “venga tu reino”, es claro que la sinceridad es una condición para prevalecer con Dios. Pero la sinceridad al ofrecer esta petición implica todo el corazón y una vida de devoción de parte del que hace la oración, para edificar el reino. Esto implica una sinceridad y completa consagración en todo lo que tenemos y todo lo que somos para este fin. Pronunciar esta petición en cualquier otro estado de mente, envuelve hipocresía y es una abominación.

En la próxima petición, “Hágase tu voluntad en la tierra así como en el cielo”, Dios no ha prometido escuchar esta petición a menos que se ofrezca sinceramente. Pero la sinceridad implica un estado de mente que acepta toda la voluntad revelada de Dios, hasta donde nosotros podamos entender, tal como se acepta en el cielo. Esto implica una obediencia amorosa, confiada, universal a toda la voluntad conocida de Dios, ya sea revelada por su Palabra, por su Espíritu o en su Providencia. Esto implica que disponemos todo lo que somos y todo lo que tenemos, y estamos absoluta y cordialmente a la disposición de Dios como lo están los habitantes del cielo. Si nos quedamos cortos en esto, reteniendo para nosotros mismos, algo que le pertenece a Dios, estamos “guardando iniquidad en nuestros corazones”, y Dios no nos va a escuchar.

La sinceridad al ofrecer esta petición implica un estado total de consagración universal a Dios. Cualquier cosa menos que esto es retener algo que le pertenece a Dios. Es “apartar nuestros oídos para no escuchar la ley”. ¿Pero qué dicen las escrituras? “El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable”. ¿Entienden esto los que profesan el cristianismo?
Lo que es verdad acerca de ofrecer estas dos peticiones es también en cuanto a toda oración. ¿Llevan esto los cristianos en su corazón?, ¿consideran ellos que toda oración que no se ofrece en un estado de completa consagración de todo lo que tenemos y lo que somos a Dios es una abominación? Si nosotros no nos ofrecemos en oración, con todo lo que tenemos; si no estamos en un estado de mente que cordialmente se acepta y se conforma perfectamente a toda la voluntad de Dios, nuestra oración es una abominación.

Cuán profano es el uso que se hace frecuentemente del Padre nuestro, tanto en público como en privado. Es impactante y repugnante escuchar a hombres y mujeres decir el Padre Nuestro, “venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra así como en el cielo”, mientras sus vidas en nada están conformadas a la voluntad conocida de Dios. Al escuchar un hombre orar “venga tu reino”, mientras es evidente que está haciendo un pequeño o ningún sacrificio o esfuerzo para promover su reino, nos lleva a convencernos de su hipocresía. Esta no es una oración que prevalece.

c) El no ser egoísta es una condición de la oración que prevalece. “Pedid, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3).

d) Otra condición para la oración que prevalece es la conciencia libre de ofensas hacia Dios y hacia los hombres. 1 Juan 3:20-22: “pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él”. Hay dos cosas muy claras aquí. Primero, que para prevalecer con Dios, debemos mantener una conciencia limpia, y segundo, debemos guardar sus mandamientos y hacer aquellas cosas agradables ante sus ojos.

e) Un corazón puro es también una condición para la oración que prevalece. Salmo 66:18: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado”.

f) Toda confesión y restitución a Dios y al hombre es otra condición de la oración que prevalece. Proverbios 28:13: “El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”.

g) Manos limpias es otra condición. Salmo 26:6: “Lavaré en inocencia mis manos, Y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová”. 1 Timoteo 2:8: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda”.

Continua

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