A Solas Con Dios

e6712ae6-665d-41e0-bc38-2039616bc39dNo depende del sentimiento fuerte o ferviente con que yo oro la bendición de la cámara de oración, sino del amor y del poder del Padre a quien yo allí confío mis necesidades.
Por Andrew Murray

«Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y a puerta cerrada, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te lo recompensará en público» (Mateo 6:6).

El hombre que se aleja de todo lo que es mundano, y del hombre, y se prepara para esperar a Dios solamente, el Padre se le revelará.  En la proporción en que él abandona, renuncia y se aleja del mundo y de la vida del mundo, y se entrega a sí mismo para ser conducido por Cristo es en secreto de la presencia de Dios, la luz del amor del Padre se levantará sobre él.

Los cristianos con frecuencia se quejan de que la oración en privado no es lo que debiera ser.  Se sienten débiles y pecaminosos; su corazón está frío y tenebroso; es como si tuvieran tan poco que presentar en oración, y como si en la oración no tuviesen ni fe, ni gozo.  Se sienten desalentados y su vida de oración se ve impedida por el pensamiento de que no pueden venir al Padre como deben ni como desean.

¡Hijo de Dios: escucha a tu Maestro!  Él te dice que cuando te dedicas a la oración privada, tu primer pensamiento tiene que ser:  el Padre está en lo secreto, el Padre me espera allí.

Justamente porque tu corazón está frío y carece del espíritu de oración, por eso mismo apresúrate a llegar a la presencia del amoroso Padre.  Como un padre, se compadece de ti (Salmo 103:13).

No pienses en lo poco que tienes para llevar a Dios, sino de cuánto desea Él darte a ti.  Ponte delante de Él, levanta tu mirada a Su rostro; piensa en Su amor, Su asombroso, tierno y compasivo amor.  Dile simplemente cuán pecaminoso, oscuro y frío es todo; porque es el corazón amoroso del Padre el que dará luz y calor al tuyo.

¡Oh, sí; haz lo que dice Jesús!  Sencillamente cierra la puerta y ora a tu Padre quien está en lo secreto.  ¿No es asombroso que uno pueda aislarse así con Dios, con el infinito Dios, y ahí mismo pueda elevar a Él la mirada y decirle: ¡Padre mío!?

«Y tu Padre que ve en lo secreto, te lo recompensará en público.»  Aquí Jesús nos asegura que la oración secreta no puede carecer de fruto: su bendición se manifestará en nuestra vida.

Nuestro Señor nos enseñaría que, como con Su infinita paternidad y fidelidad, Dios se encuentra con nosotros en lo secreto, así de nuestra parte debería haber la simplicidad infantil de la fe, la confianza de que nuestra oración trae en realidad una bendición.  «…Es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan» (Hebreos 11:6).  No depende del sentimiento fuerte o ferviente con que yo oro la bendición de la cámara de oración, sino del amor y del poder del Padre a quien yo allí confío mis necesidades.

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