Participantes De Cristo

41F47469-B743-4CE9-8EEB-CAE89A3B36FFEl privilegio diario de participar de Él mediante “las preciosas y grandísimas promesas” Al hacerlo así, aprendemos a enfrentar los problemas, las pruebas y las luchas de la vida con su fortaleza, su paciencia y su gozo, estando equipados para encarar victoriosamente las arremetidas del enemigo de nuestras almas, mediante Su fortaleza.

Por Al Harlan

Los recursos que están disponibles para el creyente en Cristo Jesús son tremendos. Estas son riquezas que no pueden fallar porque Cristo no falla. Son tesoros que perdurarán por toda la eternidad. Esta es una fortuna que no le afectan las fluctuaciones de los mercados monetarios del mundo. Los bancos terrenales pueden fallar y cierran sus puertas, pero el Banco celestial nunca cierra y sus recursos son en verdad ilimitados.

En la Segunda epístola de Pedro 1:3 nos dice en qué consisten nuestras riquezas y cómo podemos adquirirlas. “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”. De la lengua griega, entendemos que la palabra “vida” como se usa aquí, se refiere a la “vida eterna”. Por lo tanto, descubrimos que nuestros tesoros son “…todas las cosas que pertenecen a la vida eterna y a la piedad…” Un estudio más detallado del versículo revela que esas “todas las cosas” se nos dan “mediante el conocimiento de aquel que nos llamó…”

El hijo de Dios necesita averiguar en qué consisten “todas las cosas”. Entonces, también, puesto que nos son dadas mediante un conocimiento de nuestro Señor, ¿cómo obtenemos este conocimiento?

Una réplica concisa y completa la tenemos en 2 Pedro 1:4: “Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”.

Esto nos está diciendo en lenguaje sencillo que nosotros participamos de la naturaleza de nuestro Señor al ejercitar la fe en Él mediante las promesas dadas en la Biblia. No existe otra manera.

El Espíritu Santo

Cuando poseemos vida eterna, poseemos todo lo que Dios tiene para nosotros. Podríamos haber producido sólo unas cuantas vetas de metal precioso, no obstante, se nos han dado vastos tesoros. Recuerda, además, que las grandes y preciosas promesas de la Biblia se nos han dado para que mediante ellas podamos participar de la naturaleza de Cristo. No es mejorar nuestra antigua vida, sino participar de una vida enteramente nueva.

Al adentrarnos en la Palabra de Dios, encontraremos declaraciones como las siguientes: “Por nada estéis afanosos…” (Filipenses 4:6), “…Amad a vuestros enemigos…” (Mateo 5:44), “…orad por los que os ultrajan…” (Mateo 5:44), “…estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo …” (Filipenses 2:3).

Ningún hombre por sí mismo logrará cumplir estos mandamientos. Sin embargo, son la propia naturaleza de Cristo y cuando “participamos” por fe de Él, se vuelven naturales en nosotros. Es la vida eterna en acción. Estas son algunas de las riquezas que encontramos en nuestro Señor.

Unos cuantos versículos más nos dirán lo siguiente: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera…” (Isaías 26: 3); “(Jehová) Fortaleza mía y mi libertador…” (Salmos 144:2); “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza …” (Gálatas 5:22); y, por último, “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

En verdad, estos son los tesoros celestiales que el dinero o el nivel de vida no pueden comprar. Estas “todas las cosas” son para cada persona que recibe a Jesucristo. Uno que come un pedazo de pan le extrae lo nutritivo. Así uno que participa del “… pan de Dios…” recibe vida y fortaleza espirituales. A pesar de todas las distintas cosas que pudiera hacer, la obra principal del Espíritu Santo es revelarle a Cristo al creyente.

Podría parecer una ilustración muy cruda, pero como el proceso de asimilación transforma el alimento en sangre, fuerza y tejidos corporales, de igual modo el Espíritu Santo toma la Palabra y la hace real para nosotros. Nuestra parte es “comer” la Palabra. Lo hacemos al creer y actuar en base a ella. La Palabra de Dios no actúa si permanece como un alimento sin tocar. Nunca ayudará ni satisfará.

La importancia

La importancia de todo esto radica en el hecho de que Dios nos ha dado a Cristo como la respuesta a cada problema de la vida. Al tomarlo como nuestro Salvador personal, tenemos el perdón para todos los pecados y poseemos la vida eterna. Pero aún más es el privilegio diario de participar de Él mediante “las preciosas y grandísimas promesas…” Al hacerlo así, aprendemos a enfrentar los problemas, las pruebas y las luchas de la vida con su fortaleza, su paciencia y su gozo.

Recordemos, además, que sólo cuando participamos de Cristo mediante la Palabra, es que podemos ser obreros efectivos. Tampoco encontramos ahí ningún otro medio por el cual sentiríamos agobiados por las almas perdidas, y preocupados por la edificación del cuerpo de Cristo.

Por último, sólo estamos equipados para encarar victoriosamente las arremetidas del enemigo de nuestras almas, cuando sigamos adelante con la fortaleza de nuestro Señor. Que todos seamos animados por las vastas riquezas que son nuestras mediante la participación de Cristo.

 

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