Es Hermosa la Alabanza

    07200D86-3F5C-4462-9081-E08C7E3F14F1Cuando dedicaron a Dios el Templo, y mientras todos se unieron para alabarle, la gloria de Dios llenó el Templo (2 Cr. 5:13-14).  Se nos dice en Lucas 24:53 y Hechos 2:4 que mientras los cientos veinte continuaron alabando a Dios, el Espíritu Santo llenó sus templos, también.

En Isaías 43:7 leemos que el hombre fue creado para la Gloria de Dios; y en Apocalipsis 4:11 leemos que todas las cosas fueron creadas por la voluntad de Dios.  En Salmo 50:23 leemos que aquellos quienes alaban a Dios le honran, y en Salmo 69:30-31 se nos dice que la alabanza agrada a Dios más que sacrificio de buey o becerro.

    En Hebreos 13:15 dice que la alabanza es un «sacrificio.»  En Oseas 14:2 la denomina como una «ofrenda de nuestros labios.»  Los otros sacrificios fueron aceptables, pero el sacrificio de alabanza es todavía mejor, y más agradable.

    No sólo creó Dios al hombre para alabarle, pero vez tras vez Él lo manda hacerlo.  Y al terminar el libro de los Salmos, el mandamiento es tan amplio para incluir a todo ser viviente: «Que todo lo que respira alabe al Señor» (Sal. 150:6).

    Alguien dice, «Si, alabo a Dios en mi corazón.»  La alabanza debe comenzar en el corazón, y debe provenir del corazón, pero Salmo 66:8 dice que debe venir por medio de la voz y debe ser oída.  Salmo 51:15 dice que la boca debe pronunciarla, y Hebreos 13:15 dice que debe ser el «fruto de labios.»

    Nunca agradamos a Dios a menos que hagamos lo que Él nos dice hacer, y en la manera ordenada por Él.  Nos dice que Él nos escogió para llevar fruto, y que Él es glorificado cuando llevamos «mucho fruto» (Juan 15:8).  Este fruto de labios es un fruto que podemos llevar todo el tiempo, por todas partes, y en gran abundancia.

    ¡Qué privilegio precioso!  Cuanto más alabamos, más fruto y gloria y agradecimiento recibe Dios, y no hemos perdido nada por darla.  Al contrario, resulta en bendecirnos grandemente.

    Isaías 61:3 habla de la alabanza como un manto.  Salmo 33:1 dice «es hermosa la alabanza.»  ¿No anhelamos ser hermosos ante los ojos de Dios?  Luego alabémoslo hasta que estemos escondidos por alabanzas, así como un manto esconde el cuerpo.

    Cuando dedicaron a Dios el Templo, y mientras todos se unieron para alabarle, la gloria de Dios llenó el Templo (2 Cr. 5:13-14).  Se nos dice en Lucas 24:53 y Hechos 2:4 que mientras los cientos veinte continuaron alabando a Dios, el Espíritu Santo llenó sus templos, también.

    Lee en 2 Crónicas 20 como Dios rechazó los enemigos de Judá.  Josafat «humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá» (v. 3).  Dios oyó y respondió, «No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios…no habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros» (vv. 15, 17).  El próximo día ellos salieron, poniendo en frente algunos para cantar y alabar a Dios.  «Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra» los enemigos las emboscadas, y fueron derrotados.  Los hijos de Dios ni siquiera tuvieron que luchar (vv. 21-23).

    Este es un tipo de la manera en que Dios rechazará para nosotros a Satanás y todos los poderes de las tinieblas si tan sólo seremos fiel en alabarle y confiar en Él.

    Alguien pregunta, «¿Cuánto debo alabarle?»

    Salmo 35:28 dice, «todo el día.»  Salmo 34:1 y Hebreos 13:15 dicen «de continuo», y «siempre».

    Otro dice, «¡Eso es demasiado!»

    ¿Puede Dios demandar demasiado de los que Él ha creado, y a los cuales Él ha dado todo lo que tiene, aun la tierra sobre la cual ellos viven, y quienes Él ha guardado desde su nacimiento, y, sobre todo, que ha redimido por dar Su propia vida para ellos?  ¿No dice Él que es racional el presentar de nuestros cuerpos en sacrificio vivo para Él? (Rom. 12:1).

    ¡Dé alabanzas a Su nombre, porque Él recompensa tan ricamente, tan gloriosamente cuando le alabamos de todo corazón!  Eso le agrada y le glorifica, pero nos bendice.  Salmo 22:3 dice que Él habita entre las alabanzas.  ¿Quién no alabaría para siempre por amor de tener la presencia constante de Dios?  Mire como Dios mostró Su presencia mientras Pablo y Silas alababan.  Fueron libertados, las cadenas de todos los presos se soltaron, almas fueron salvadas, y se regocijó el carcelero.

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