Manteniendo Un Resplandor Espiritual

87009F03-3514-4476-9A1D-ABD229B69CC1Manteniendo ese resplandor espiritual ¡que permite a Dios fluir por tu vida con poder avivador!
Por G. L. Fero

Mantén un corazón sosegado. Las ofensas, los desaires, las frustraciones, los malentendidos, los desacuerdos, o la inconformidad con las providencias de Dios, rápidamente pueden fermentar en resentimientos, sentimientos de crítica y un espíritu rencoroso. Y éstos se desbordan en palabras cortantes que ofenden. Para evitarlo, me resuelvo a:

1. Dejar cada disturbio al pie de la cruz, apropiándome de la sanidad por medio de la sangre limpiadora de Cristo, y recibiendo cada cosa indeseada como la voluntad de Dios para mí, recordando que Él “hace perfecto mi camino” (Salmo 18:32). De esta manera, la paz y el descanso de Dios prevalecerán (1 Juan 1:9; 1 Pedro 5:7; 1 Tesalonicenses 5:18).

2. Operar sobre la base de ajustar cuentas inmediatamente con Dios y con el hombre. Tan pronto como reconozca una falta en el vivir de conformidad con la voluntad de Dios para mí: (a) pensando demasiado en las cosas del mundo; (b) no dando el primer lugar al reino y a la justicia de Dios; (c) con un descuido tocante a algún quehacer; (d) en palabras habladas con crueldad; (e) en una actitud de mal genio hacia alguien — me arrepentiré con humildad y pediré perdón a Dios, y luego haré lo que Él me señale.

3. Ser vigilante y obediente para guardar clara la conexión que tengo con el cielo, y así mantener el brillo espiritual por el cual Dios pueda fluir continuamente mediante mi vida en su poder avivador.

4. Llenar mi mente y mi corazón con la Palabra de Dios. Esta Palabra me juzgará (Juan 12:48). Esta Palabra fortalece y estimula la fe (Romanos 10:17). Dios se revela por medio de la Palabra, y conociéndola, seré un mejor testigo. Por lo tanto, le daré, junto con la oración, el primer lugar en mi vida diaria (Salmo 119:11, 105, 130).

5. Perfeccionar el tiempo de oración más allá de la etapa de “dame”. Me propongo entrar más plenamente en el gozo de la adoración y de la comunión con el Señor, permitiéndole hablarme a mí, también (Juan 4: 23,24; Salmo 27:14; 1 Juan 1:3-7).

6. Permitir que Dios me use: (a) mis manos; (b) mi fuerza, (c) mis posesiones; (d) mi simpatía; (e) mi amistad; (f) mi interés en, y la preocupación por, aquellos con los que estoy en contacto — todo estará reservado para que Dios lo use para revelarse a otros.

7. Dar según Dios me indique. Daré la cantidad que Él escoja, y a las personas a quienes Él me señale (2 Corintios 9:6-15).

8. Amar a mi Dios con todo el corazón, y a mi prójimo “entrañablemente, de corazón puro” (1 Pedro 1:22), porque permito que el amor de Dios se derrame por medio de mi vida diaria (Romanos 5:5)

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