La Casa De Dios

75B9FBC2-8871-44BD-9FEC-9C36AEA8DDCFAprender a morar en la Presencia del Señor significará muchas cosas buenas para nosotros, pero probablemente uno de los beneficios más importantes es la oración respondida.
Por Dave Butts

«Una sola cosa le pido al SEÑOR, y es lo único que persigo: habitar en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR y recrearme en su templo» (Salmo 27:4).

Salmo 27:4 es el pedido de David para que el Señor lo deje morar en la casa de Dios todos los días de su vida. David aun le dice a Dios por qué lo quiere hacer, expresando su deseo de que, desde la casa de Dios, le permitiera contemplar la hermosura del Señor y de buscarlo en Su templo. Oro el pedido de Salmo 27:4 todos los días y a menudo termino en pedirle al Señor que me indique lo que significa morar en Su casa. «Señor, quiero experimentar por completo lo que significa morar contigo.»

Estoy convencido de que para comprender completamente este pedido maravilloso que David le hizo delante de Dios se ocupará la mayor parte de eternidad, pero hay algunas cosas que estoy aprendiendo en hacer este pedido mío. Lo primero es que David no habla solo de vivir en la casa de Dios algún día en el cielo. Aunque se implica la eternidad en el pedido, la frase, «todos los días de mi vida» comienza ahora…en esta vida.

De modo que David y otros por la historia han comprendido, la casa de Dios es tanto un destino como una jornada. Anhelamos la eternidad y la seguridad y el gozo de nuestro hogar celestial. Pero de una manera que todavía se está desvelando para todo creyente, el Señor nos ha invitado a entrar en Su casa ahora.

David también comprendió que la casa de Dios no era solamente ni el tabernáculo ni el templo que estaba por edificar. Fue Salomón, su hijo, quien expresó la consciencia de parte de ellos de este hecho: «Pero, ¿será posible que tú, Dios mío, habites en la tierra con la humanidad? Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido!» (2 Cron. 6:18). El lugar de morada de Dios es mucho más que un edificio hecho de manos humanas.

Finalmente, cuando hablamos de la casa de Dios hablamos de Su Presencia permanente. Esto significa que no hay contradicción en el hecho de que podemos pensar en ir a la casa de Dios algún día en el cielo, y de todos modos, aun ahora Él ha venido a morar dentro de nosotros, haciendo nuestros cuerpos mismos Su templo.

La Biblia señala que nosotros, tanto individuos como la Iglesia, hemos llegado a ser el lugar de morada de Dios en la tierra. Jesús lo hizo muy claro cuando dijo, «El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él» (Juan 14:23). La pregunta para cada uno de nosotros hoy en día es, «¿Está bienvenido Dios en tu casa?» A la medida que crecemos en nuestro amor para Dios, demostrado por medio de una vida de obediencia a Su Palabra, le extendimos la bienvenida para el Padre y para el Hijo por medio del Espíritu Santo para venir y sentirse en casa dentro de nosotros. ¡Qué modo maravilloso de vivir de intimidad con Dios! Aquél es lo que se piensa que debe ser la vida Cristiana para cada uno de nosotros.

Nuestra fe no es cosa de asistir a reuniones o de seguir reglas. Es una vida de morar con Dios, experimentando Su Presencia, y viviendo una vida que refleja Su naturaleza en nosotros. Es por eso que la imagen de morar en Su templo es tan difundida por la Escritura. Si es la percepción del antiguo testamento de ir al templo, o el concepto del nuevo testamento de llegar nosotros a ser el templo, todo culmina en la Presencia de Dios.

Los siguientes pasajes de Escritura nos ayudan a ver la importancia puesta en llegar a ser el lugar de morada (el templo) de Dios:

«Cristo en ustedes, la esperanza de gloria» (Col. 1:27).

«¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Epíritu de Dios habita en ustedes?» (1 Cor. 3:16).

«¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios?» (1 Cor. 6:19).

«Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Como él ha dicho: ‘Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán Mi pueblo’» (2 Cor. 6:16).

«En Él todo el edificio, bien armado, se va levantando para llegar a ser un templo santo en el Señor. En Él también ustedes son edificados juntamente para ser morada de Dios por Su Espíritu» (Efesios 2:21-22).

Aprender a morar en la Presencia del Señor significará muchas cosas buenas para nosotros, pero probablemente uno de los beneficios más importantes es la oración respondida. Jesús nos dijo, «Si permanecen en mí y mis palabras permancecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá» (Juan 15:7). La palabra «permanecer» es muchas veces traducida «quedar,» or «morar.» Jesús nos enseña que si vivimos donde esté Él, nuestras oraciones emanarán desde Él y coincidirán con Sus deseos, lo cual le agrada al Padre quien desea contestar nuestras oraciones. ¡Qué privilegio maravilloso!

David y el resto de los santos del antiguo testamento estarían asombrados con el privilegio maravilloso dado a todo cristiano hoy en día. ¡Estamos invitados a morar en la Presencia del Señor continualmente! No tenemos que ir a un edificio especial o lugar especial. Podemos orar sin cesar porque nuestro Dios ha venido a morar dentro de nosotros. Para creyentes en Jesús, la promesa verdaderamente es: «Cristo en nosotros, la esperanza de gloria.»

La oración de David en Salmo 27:4 tal vez se podría orar así, «Señor, hay una sola cosa que de verdad quiero de Ti. No es la fama ni el dinero ni el poder. ¡Lo que realmente quiero eres Tú! Quiero estar donde Tú estás. Quiero vivir siempre en Tu presencia para poder contemplar Tu hermosura sin cesar. Dame un corazón que Te busca continualmente donde se Te puede encontrar.»

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