Enciéndeme, Señor

7964DDD1-6AD1-491B-B894-83F8161905F4Bendita Meditación

¡Que el Santo Espíritu sea movido mediante nuestro clamor a Dios, y derrita nuestro corazón frío y nos dirija  a hacer su voluntad, con fervor y consagración cada momento de nuestras vidas!
Enciéndeme, oh Señor, enciéndeme, yo no sé cómo, pero enciende mi corazón en pasión por los perdidos. Muéveme para dar, para ir – pero más – para orar. Muéveme hasta que el pendón rojo de tu sangre despliegue sobre las tierras que yacen aun en las tinieblas, sobre desiertos donde no se levanta la cruz.

Muéveme, Señor, hasta que todo mi corazón se llene de grande compasión por estas almas; hasta que tu compulsión me obligue a orar; hasta que tu amor que constriñe alcance hasta los polos del norte y del sur, en deseo ferviente y consumido, hasta que el este y el oeste sean alcanzados por el fuego de tu amor.

Muéveme, Señor, muéveme, Señor, hasta que la oración sea dolor, hasta que la oración sea un gozo – una alabanza. Muéveme hasta que el corazón, la voluntad y la mente – mi todo – sea enteramente tuyo para que lo uses todos los días. Muéveme hasta que aprenda yo a orar «en demasía.» Muéveme hasta que aprenda a esperar en expectativa.

¡Muéveme, oh muéveme, Señor! Tu corazón estaba lleno con el fuego más intenso del amor, hasta darte tú mismo, hasta dar a tu Hijo, el Hijo más amado, para que muriese en la cruz más cruenta, para que yo tuviera vida. Muéveme, Señor, para rendirme yo mismo de nuevo a ti, para que tú puedas darte otra vez por medio de mí.

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