La ternura del amor

1AEBE49C-3F19-41FA-AD97-815FD03F97AC¿Vamos a someternos a prueba con los que nos tratan bien? No, no cuesta nada amar a los que nos tratan bien. El patrón de Dios es el de ser amable con el que es injusto con nosotros.

Por Aletta M. Jacobsz
«El amor no hace mal al prójimo» (Romanos 13:10); y «El amor… es benigno» (1 Corintios 13:4). El verdadero amor entiende.
Habiendo aprendido el secreto del amor, comienzas a descubrir la ternura del amor que entiende ese pariente terco – o compañero de cuarto, o mozo, o niño. ¡Es el amor que es bondadoso hacia el que no es amable contigo! ¿Ha ganado tu vida el respeto de los que no son amables y buenos contigo? Busca muestras de amor hacia ellos, determinando en tu corazón a ganar el amor de ellos por medio del amor de Dios que se expresa por medio de tu vida.
Hay de expresar el amor hacia la persona que no es razonable; el amor que da cuando no es merecido; un amor que puede amar a los que en tu entendimiento están predicando una doctrina falsa; de amarlos aun cuando discrepan de tu opinión; amar a los que no te entienden, porque quizá tú no los entiendes tampoco. Allí en el monte del Calvario tú aprendes a amar a Él, y amando a Él, tú amas a otros. Cuando ellos te tratan cruelmente, lo recibes como un don de amor de parte de Dios, para darles el amor por amor de Él.
Si amas sólo los que te aman, ¿qué haces más que cualquier otra persona? «¿No hacen también lo mismo los publicanos?» (Mateo 5:46). ¿Saldrá bien tu vida en la prueba de amor? ¿Vamos a someternos a prueba con los que nos tratan bien? No, no cuesta nada amar a los que nos tratan bien. El patrón de Dios es el de ser amable con el que es injusto con nosotros.
«Amad a vuestros enemigos, hacen bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian» (Lucas 6:27-28). ¿Haces bien a los que te aborrecen? ¿Por una vez siquiera has pasado inconvenientes para ser amable con el que nunca lo es contigo? Dios está buscando tales hazañas. ¿Eres tú intercesor por los que te maltratan?
Dos cosas me ayudaron grandemente una vez cuando se me recordó de una que me era cruel. Fui tentada a no amarla. Pero mientras meditaba en sus acciones, vi una mano siendo puesta sobre esas acciones; y al observar la mano, vi la cicatriz del clavo que la hirió; y fue suficiente el mirar los hechos crueles por medio de la Mano herida, para ablandarme el corazón. Así ablandada por su amor de Él, deseaba yo amarla.
Por consiguiente, recordando que ella era hija de Dios, también recordé que ella amaba al Señor Jesucristo, a pesar de creer que no podía tener un corazón limpio. Así que le dije a Dios, «Señor, por amor a su Amigo que ella ama, deseo amarla.»
Una de las pruebas más verdaderas en cuanto a la veracidad de tu santificación, es la de si amas a los que te agravian, y eres compasivo con los que son muy duros contigo.

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