Falta de Amor

8A52ECBA-CB18-4EC3-AE28-9242014ECE42En la sala de clase donde yo enseñaba, a menudo se expresó la impaciencia en lugar del amor; me pregunto si acaso jamás pasó una semana sin yo estar impaciente. Me daba vergüenza compartir a las estudiantes de que Cristo puede dar una vida de victoria. Me hubieran dicho: «¿Por qué no vemos tal vida en usted?

Por Aletta M. Jacobsz
Por razón de que amamos al Señor, hay que tener en nuestro corazón la oración, «Señor, que yo ande en luz, como tú estás en luz» (1 Juan 1:7). Pero te costará, porque antes de que Dios te pueda contestar, Él tendrá que vaciar de tu vida todo lo pecaminoso y el egoísta. Antes de que el Espíritu Santo pueda llenar tu vida, Él pondrá adentro su luz, y tú verás los pecados de los cuales nunca sabías que estaban allí.
Él revelará las cosas oscuras que has escondido para que otros no las vean. Había un tiempo cuando en mi corazón tenían rincones negros, pecados de los cuales apenas susurraba a Dios, pero todavía estaban allí. Sabía que si mi corazón fuera hecho de vidrio, y otros así podían mirar en él, verían cosas que me causaría bajar la cabeza en vergüenza. Si tú fueras hecho de vidrio, y yo pudiera mirar dentro, ¿le causaría ruborizarte?
Solía yo contar mis victorias a mis amigos cristianos, mientras escondía y susurraba a Dios de mis derrotas. Cuando orábamos juntos, les decía de las cosas buenas; hasta que un día el Señor me dijo, «Tú eres deshonesta. Estás engañando tus amigos. Ellos están conscientes en andar en luz conmigo, pero tu estás andando en oscuridad. ¿No les dirás?»
Vino una noche cuando así lo hice, no importando el costo. Quería una vida de poder. Quizás alguien quisiera preguntarme, «¿No lo sientes que descubriste tu pecado a Dios y al hombre?» No, no lo siento, sino me alegro. Desde esa noche, muchas almas me han abordado con necesidades escondidas, y Dios ha podido satisfacerlas. ¿Quieres una vida de poder? Luego ora esta oración, no – «Señor, dame poder,» sino, «Señor, enfoca en mí tu reflector, para mostrarme lo que no permite que tu poder entre.»

Cuando Isaías anhelaba la vida de poder, primero vino la luz del reflector. Isaías fue profeta, un hijo de Dios; sin embargo, él la necesitaba. ¿Sabes lo que pasó cuando vino la luz? Él cayó en el suelo, clamando, «¡Ay de mí! que soy… hombre inmundo de labios» (Isaías 6:5). No escondió su pecado, sino lo escribió en un libro para que nosotros lo leyéramos, para hacernos honestos. Él quería la honradez, así que un carbón encendido le tocó los labios, limpiándole de sus pecados (vs. 6-7). Si la luz del reflector viene a tu vida, tú, también, caerás y clamarás. Al llegar la luz del reflector, el poder llegará; cuando el poder llegue, el fruto del amor lo seguirá en tu vida.

Falta de amor, uno de mis pecados
Si no hubiera tal cosa como la Sangre, la Cruz, yo no habría hablado; más bien, habría bajado la cabeza en vergüenza, porque la falta de amor fue uno de mis pecados. En la sala de clase donde yo enseñaba, a menudo se expresó la impaciencia en lugar del amor; me pregunto si acaso jamás pasó una semana sin yo estar impaciente. Me daba vergüenza compartir a las estudiantes de que Cristo puede dar una vida de victoria. Me hubieran dicho: «¿Por qué no vemos tal vida en usted? ¿Por qué vemos de vez en cuando la ira, o la impaciencia? Sus labios nos hablan del amor de Dios, pero su vida nos habla de la ira.» Muchas veces lloraba yo mientras que las muchachas dormían, vertiendo lágrimas por causa de mi impaciencia, sabiendo que yo estaba fallando a Dios.

¿Hay ese pecado en tu vida? ¿Observa Dios que tú tienes el corazón quebrantado  a causa de ello, mientras que los otros duermen? ¿O nunca te causa llanto? Si quieres una vida de poder, primero halla la vida de amor.
Una noche Dios me mostró que la Sangre puede limpiar un corazón sin amor tal como el mío. Me llenó de Su amor, un amor no el mío, sino viniendo del Calvario. Regresé a la misma sala de clase, las mismas circunstancias, ¡pero la vida estaba diferente! Antes de ese tiempo, cuando fallaba al Señor día por día, cuando el resumen de mi vida en la clase fue la impaciencia, con frecuencia me postraría a los pies del Maestro y diría: «Señor, perdóname. De nuevo he sido impaciente. No puedo mirarte, porque te he fallado sobre el mismo punto que antes.»
Y luego una mano tierna, una mano marcada con sangre, me recogió y me puso en la cruz del Calvario, y el amor me hundió la vida. Las muchachas hicieron las mismas cosas, pero yo las entendí de otro modo. ¡Oh, la diferencia! El ambiente ahora fue de amor. Las órdenes más simples fueron dadas en amor. Algunas veces me detendría momentáneamente simplemente para adorar a Dios por la conciencia de Su Presencia entre nosotros. ¡Y el avivamiento llegó a esa clase!
Algún día Dios va a pesar cada vida. ¿Será la sentencia, «Pesado y hallado falto en amor»? (Daniel 5:27) – el amor que está escrito en la expresión de la cara, en la ternura de la voz, en la selección de palabras y en los buenos tratos hacia otros. El lenguaje tierno es el amor; el lenguaje más fuerte es el amor. Tú puedes orar fielmente cada día por alguien, pero si él oye el lenguaje de impaciencia de tus labios, ¡tú serás el obstáculo para tus propias oraciones! Cuando una vez has aprendido el secreto del amor, las mismas pruebas te llegarán, pero tú las entenderás de otro modo.

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