Cristo Está Preparando Lugar Para Un Pueblo Preparado

C68CDE52-7884-4D72-8602-CD49D1234B50El consuelo y la esperanza de los verdaderos santos, ¡el cielo! ¿que encontraremos en el cielo? Para muchos en este mundo depravado, oscuro y difícil de vivir, la promesa del cielo se vuelve cada día mas real en aquellos que han decidido darlo todo por Cristo
Por Daniel E. Williams

Pocos días antes de su crucifixión, y esperando su resurrección y ascensión, el Señor Jesús dijo a los discípulos: «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros» (Juan 14:1-2).

El Señor Jesucristo ha regresado al cielo para «preparar» lugar para su pueblo. ¿Cuáles son las características esenciales del cielo, donde Cristo está preparando lugar para los suyos?

El cielo es un lugar de belleza indecible. El muro de la nueva Jerusalén, es de material de jaspe. Los cimientos del muro están adornados con toda piedra preciosa. La ciudad misma, y la calle de la ciudad, son de oro puro, transparente como vidrio. Las doce puertas son doce perlas. El río de agua de vida, es limpio, resplandeciente como cristal, y sale del trono de Dios y del Cordero. La ciudad no tiene necesidad de la luz del sol ni de la luna, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero de Dios es su lámpara (Apocalipsis 21:1-22:5).

El cielo también es un lugar de gozo. Leemos: «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron» (Apocalipsis 21:4).

El cielo también es un lugar de descanso. Según Apocalipsis 14:13, el pueblo de Dios descansará de sus labores terrenales. Sin embargo, también será un lugar de servicio celestial. «Y no habrá más maldición,» escribe Juan, «y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán» (Apocalipsis 22:3). Butler se expresa hermosamente en el siguiente pensamiento:

«Descansando, pero no en comodidad soñolienta,

Trabajando, pero no en inquietud frenética.

Todavía bendiciendo, y siempre bendecido.»

La vida abundante será otra característica del cielo: «Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida» (Apocalipsis 21:6). Lea también 1 Timoteo 4:8).

Además, será un lugar de santidad. He aquí unas palabras solemnes y serias: «No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero» (Apocalipsis 21:27).

La gloria inefable será otra característica del cielo. El apóstol Juan resumió esta gloria anticipada cuando escribió: «Sabemos que cuando Él (Cristo) se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es» (1 Juan 3:2). «La gloria de nuestra esperanza» escribe J. Dwight Pentecost «es que seremos transformados a su semejanza, siendo sin pecado, sin la muerte, y experimentando la perfección del desarrollo.» (Lea también 2 Corintios 4:17; Colosenses 3:4; Filipenses 3:20-21; Apocalipsis 21:4-5).

Sin embargo, el creyente no estará meditando en su propia posición y gloria, sino en Dios mismo. En el sentido final, el cielo será un lugar de adoración. Todo hijo de Dios proclamará: «Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 5:13. Lea también versículos 12 y 14, además de Apocalipsis 7:12).

El cielo es un lugar preparado para un pueblo preparado

No todos entrarán al cielo. Estarán allí sólo aquellos cuyos nombres estén inscritos en el libro de la vida del Cordero (Apocalipsis 21:27). ¿Y qué es necesario para que uno inscriba su nombre en ese libro?

Debe reconocer que es pecador, y por lo tanto está bajo la condenación de Dios (Salmo 51:5; Romanos 5:12, 18-19; 3:10, 23; Juan 3:18, 36).

Debe darse cuenta de que no puede entrar al cielo por su propio mérito o esfuerzo (Efesios 2:8-9; Tito 3:5).

Debe arrepentirse de sus pecados (Hechos 2:38; 3:19; 17:30; 20:21). El arrepentimiento es un cambio de mente y de corazón, causando que uno se aparte del pecado, acudiendo al Salvador.

Debe confiar en Jesucristo como su Señor y Salvador personal, el que murió sobre la cruz por sus pecados y resucitó de nuevo del sepulcro (Juan 1:12; 3:15-16; 5:24; Hechos 16:31; Romanos 10:9-13; 1 Corintios 15:1-4).

¿Está preparado? Si no es así, ponga su confianza hoy en el Señor Jesucristo. Si está preparado, entonces viva y testifique del que le amó y se dio a sí mismo por usted (Gálatas 2:20).

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s