La vida hogareña de Carlos Spurgeon

CE72E6E1-341E-4FA2-9666-119922E0864FLa madre fue un modelo santo en el hogar de los Spurgeon. Llevaba en oración a sus hijos ante el Señor, continuamente. A razón de la vida muy ocupada que tenía su marido, ella tuvo que llevar la carga de la crianza de los hijos más de lo normal.

Parte de esta biografía es como viene:

LA VIDA EN EL HOGAR DE LOS PADRES

Aunque fue impresionante la enseñanza en la casa del abuelo, Carlos luego cambió a otra enseñanza igualmente influencial. Se mudó de un hogar quieto y meditabundo a uno muy activo, lleno de hermanos y hermanas. ¡Oh, la multiforme sabiduría de Dios! (Gálatas 3:10) ¡Cuán bellamente dirige la vida de sus hijos! En la casa de los padres, Spurgeon encontró la pobreza otra vez y la realidad de la vida diaria. Y, también, buenas oportunidades para compartir, porque entre los necesitados es menester compartir. La mezcla de los dos hogares fue perfecta en prepararle para su futuro ministerio. Dos cosas hicieron que Spurgeon fuera uno de los más influénciales hombres de su época. Primero, amaba a Dios con todo su corazón (aprendido en la vida quieta y meditativa del abuelo), y segundo, vivía para el bien de otros con toda su capacidad (aprendido en la vida activa y dadivosa del hogar de sus padres). Los días de su provechoso ministerio fueron una mezcla hermosa de los dos primeros mandamientos- Ama a Dios y ama a tu prójimo. Podemos ver a Dios adiestrando a su siervo en los dos, muy diferentes, hogares piadosos. Como padres, podemos cosechar de los dos ejemplos. A veces, podemos pensar que el tener muchos hijos es una molestia en el entrenamiento de ellos. Debemos resistir la tentación del pensar así, y contar las experiencias diarias como oportunidades para enseñarles. Si nuestros hijos llegan a ser poderosos en la tierra, como es prometido en Salmo 112:2, es por la razón de que han aprendido a vivir para el bien de otros.
UNOS POCOS LIBROS PODEROSOS

Al estudiar los hogares de los hombres píos, siempre veo la influencia de los libros. El leer no es una cosa insignificante en el entrenamiento de la siguiente generación. “Los que leen guían” se dice, pero ¿Qué clase de lectores y guías tendremos? Si permitimos a nuestros hijos leer cualquier clase de libros vanidosos, ¿Qué tipo de líderes vamos a producir? No faltan libros hoy. Sin embargo, sí, faltan libros sanos y edificantes que guíen bien las mentes de nuestros jóvenes. El padre de Carlos proveyó los mejores libros a sus hijos. A pesar de que fue un hombre pobre, puso mucha prioridad a los buenos libros para sus hijos. El Progreso del Peregrino, por Juan Bunyan, fue un constante compañero de Carlos por toda su vida, y cada año lo leyó completamente. Su padre compró libros acerca de los mártires y publicaciones sencillas sobre evangelismo. Está escrito de Carlos, que se sentó con los ancianos, discutiendo sobre teología, a la edad de 12 años, igual que Jesús, quien sorprendió a los maestros de su era con su conocimiento sobre las cosas espirituales. Los padres de los dos, los de Jesús y los de Carlos, guardaron del mal a las preciosas mentes puras de sus hijos. Debemos notar que hay una grave necesidad de purificar las libreras en muchos hogares cristianos de hoy día.

EL PADRE Y LA MADRE

Fácilmente se nota cómo Dios usó el ideal hogar del abuelo para entrenar y moldear a su siervo Carlos. Pero, también Dios usa los hogares un poco menos ideales. Estoy agradecido por esto, ya que la mayoría de nuestros hogares no son tan ideales. El papá de Carlos trabajaba todo el día y servía como ministro por las noches y los fines de semana. Algunos de nosotros estamos en la misma situación y sabemos que esto no es fácil cumplir. No tenía suficiente tiempo para la familia. (¡Gloria a Dios por su fiel esposa, que lo comprendía bien!) A pesar de que Juan Spurgeon estaba muy ocupado proveyendo para su gran familia, siempre realizaba los cultos familiares, mañana y tarde, cada día. Fue amado y reverenciado por todos sus hijos. Siempre anhelaban su regreso del trabajo, reuniéndose con anticipación para escuchar los sucesos del día y de su ministerio.
La madre fue un modelo santo en el hogar de los Spurgeon. Llevaba en oración a sus hijos ante el Señor, continuamente. A razón de la vida muy ocupada que tenía su marido, ella tuvo que llevar la carga de la crianza de los hijos más de lo normal. Estoy seguro que hubo tentaciones de responder con amargura y pensar que su esposo debiera estar más en la casa. Pero las venció, sabiendo que rendirse a tales tentaciones traería el desastre al hogar. En lugar de esto, se puso a sí misma esa tarea y en recompensa recibió la alabanza y el respeto de todos sus hijos. El ejemplo de la vida de esta mujer pía guió a la familia hacia el camino de la santidad. Se sentaron a sus pies, miraron su ejemplo, y luego, se levantaron para seguir en pos de ella.

ENTRENAMIENTO PARA EL MINISTERIO EN EL HOGAR

Este último punto es un golpe para muchos de los predicadores de hoy en día, quienes estudiaron en un seminario para ejercer el ministerio. Spurgeon no asistió a un Colegio Bíblico para prepararse para la obra de predicar el evangelio. Pero, mirando el pasado de su vida, es obvio que se preparó bien para esto. No obstante, su preparación no fue la común. Fue aderezado en el hogar. Su padre, su abuelo y el Padre Celestial colaboraron en esto. ¿Es una buena mezcla, verdad? Dios, en su providencia, no permitió que Carlos Spurgeon asistiera a un seminario. Al reconocer el llamado de Dios en su vida, había algunos que le aconsejaron que buscara entrenamiento formal. Pero, al orar sobre esto, Carlos no se sentía en paz y empezó a dudar que fuera realmente el llamado de Dios, que él entrara al ministerio. Luego, buscó a Dios más intensamente y una vez que iba orando y meditando mientras caminaba, él le reveló claramente algo. Spurgeon dijo después, “Fue como que si Dios me hubiera hablado en voz alta “No entres en el Colegio Bíblico, confía en mí.”” Esto era lo que necesitaba. Lo recibió y nunca miró hacia atrás. Comenzó, entonces, uno de los ministerios de más envergadura de esa época: sin preparación en un seminario. Spurgeon tenía al Espíritu Santo y a la Santa Palabra en su corazón. Parece que no necesitaba más.

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