La Siembra Eterna Con El Espíritu

8DB4FFE4-A44F-4135-AEDF-755ECD82FB10Un mensaje digno de leerse estudiándo, sobre  la relación del Espíritu Santo y nosotros. Agradándole y conociéndole, sembraremos abundantemente y finalmente cosecharemos la vida eterna. 

Por Rich Carmicheal
«…el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna» (Gál. 6:8).

¡Oh cuánto nos hacen falta la presencia y el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas! Él es nuestro Ayudante, el precioso Don enviado por nuestro Padre Celestial para permanecer con nosotros y estar en nosotros (Juan 14:15-17). Él es Aquél quien nos llena con la vida y el amor de Dios, al igual que la esperanza, la virtud, la paz y el gozo (Juan 6:63; Romanos 5:5; 15:13; 14:17). Él es el Espíritu de la verdad, quien nos ayuda a conocer las cosas dadas libremente a nosotros por Dios (Juan 16:13; 1 Corintios 2:12).

Él además es el Espíritu de poder y santidad, y Él nos santifica y nos capacita a vivir una vida piadosa (1 Corintios 6:11; Ezequiel 36:27). Él nos circuncida el corazón, nos regenera y nos renueva, y nos da fortaleza con poder dentro de nuestro hombre interno (Romanos  2:29; Tito 3:5-6; Efesios 3:16). En cuanto Él nos guía, podemos dar muerte a las obras de la carne y servir al Señor en un nuevo régimen y libertad (Romanos 7:6; 8:13-14; Gál. 5:16-18; 2 Cor. 3:17). Por medio de Su ministerio glorioso Él nos transforma más y más en la imagen del Señor (2 Corintios 3:8-18). Su fruto es «amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio propio» (Gáatas 5:22-23).

Él también nos da poder para testificar, poder para hablar con valentía la Palabra de Dios, y el poder para ministrarles la vida de Dios a otros (Hechos 1:8; 4:31; 10:38). Somos absolutamente dependientes del Espíritu Santo para la vida y el ministerio piadosos.    “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6).

Siembren para agradar al Espíritu

Al tener en cuenta cuan precioso y esencial es el don del Espíritu Santo para nosotros, debemos tener mucho cuidado de hacer todo a nuestro alcance para darle la bienvenida a Su presencia y Su obra en nuestras vidas. Nuestro deber es pensar en las cosas del Espíritu, no en las cosas de la carne (Romanos 8:5-6). Tenemos que recordar que «el deseo de la carne es contra el Espíritu y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais» (Gálatas 5:17). Necesitamos «andar en el Espíritu» y hacer las cosas que agradan a Dios (Gálatas 5:16; 1 Tesalonicenses 4:1). Necesitamos ser sensibles a y responder a todo lo que dice el Espíritu (Apocalipsis 2:7), incluyendo Su advertencia de no endurecer los corazones hacia el Señor (Hebreos3:7-8).

Una manera de sembrar para agradar al Espíritu es de sembrar la Palabra de Dios en nuestras vidas. La Palabra de Dios es «la espada del Espíritu» (Efesios 6:17), y Él obra por medio de ella para crear vida en nosotros (1 Tesalonicenses 2:13). Como enseña Jesús, «…el que fue sembrado en buena tierra es el que oye y entiende la Palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta y a treinta por uno» (Mateo 13:23). Con esto en mente, dejemos al lado «toda inmundicia y abundancia de malicia» y «recibid con mansedumbre la Palabra implantada» la cual puede salvar nuestras almas (Santiago  1:21). Debemos ser «hacedores de la Palabra y no tan solamente oidores que se engañan» (Santiago 1:22).

En esta hora cuando un número creciente de personas dan la espalda a la doctrina sana y la verdad (2 Timoteo 4:3-4), necesitamos ser aun más diligentes en leer la Palabra de Dios, estudiarla, tomarla en serio, obedecerla, y proclamarla. En cuanto lo hagamos, el Espíritu Santo será fiel de enseñarnos (Juan 14:26) y de obrar por medio de la Escritura para llevar a cabo cualquier reprobación y corrección en nuestras vidas, para instruirnos en la justicia, y para capacitarnos para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17).

Nosotros también sembramos para agradar al Espíritu por medio de nuestra vida de oración. La Biblia nos instruye a «orar todo el tiempo en el Espíritu» con peticiones y ruegos (Efesios 6:18). Y cuando en nuestra debilidad no sabemos orar como debemos, debemos de depender en el Espíritu para que interceda por nosotros conforme a la voluntad de Dios (Romanos 8:26-27). ¡Imagínense el gran alcance de los efectos de la oración que se le ofrece al Señor en el Espíritu y por medio del Espíritu! ¿Qué cosecha será posible ahora y por la eternidad si dependiéramos más totalmente en el Espíritu Santo en nuestras oraciones para nuestros seres queridos, nuestras Iglesias, nuestras comunidades y nuestra nación?

Siembren copiosamente, cosechen copiosamente

Uno de los principios de Dios con respeto a la siembra y la cosecha es que «El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará» (2 Corintios 9:6). Los aliento a que se pongan tan serios en cuanto al Espíritu Santo como nunca. Siembren copiosamente para Él y entreguen sus vidas completamente a Él. «Tengan cuidado de su manera de vivir…aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos…no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor…sean llenos del Espíritu» (Ef. 5:15-18).

Pídanle al Padre Celestial más de la presencia y el poder del Espíritu Santo en sus vidas sabiendo que Él está ansioso de regalarles este don precioso sin medida (Juan 3:34; Lucas.  11:13). Sean serios de dar vuelta la espalda a todo pecado, evitando cualquier cosa que pueda agraviar al Espíritu (Efesios  4:30). «No apaguen el Espíritu …sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno, eviten toda clase de mal» (1 Tesalonicenses 5:19-22). Confiesen cualquier pecado en sus vidas al Señor y pídanle que les limpien y que no les quiten el Espíritu Santo de sus vidas (Salmo 51:1-11).

Llenen sus mentes y corazones con la Palabra de Dios. Dedíquense a la oración, permitiendo que el Espíritu Santo les guie y les ayude mientras oran. Pidan que se produzca más del fruto del Espíritu en sus vidas. Vivan «siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu…» (Efesios 4:2-3). Pídanle al Señor que les santifiquen completamente – en espíritu, alma, cuerpo – sabiendo que Dios los llama a la santidad y les da Su Espíritu Santo a Uds. (1 Tes. 4:7-8; 5:23).

El don de la vida eterna

Y en cuanto siembran para agradar al Espíritu, regocíjense en el gran premio que cosecharán – ¡la vida eterna! «…El que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna» (Gálatas 6:8). Mientras pensamos en la vida eterna muchas veces como el regalo de vivir para siempre, es mucho más que esto. Jesús le dice a Su Padre, «Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Tú has enviado» (Juan 17:3). El Apóstol Juan agrega que «el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para que conozcamos al Dios verdadero. Y estamos con el Verdadero, con Su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna» (1 Juan 5:20). Jesús vino para que «tengan vida, y la tengan en abundancia» (Juan 10:10), y ¡Él Mismo es la vida! (1 Juan 1:1-2). Este don de la vida eterna comienza aun ahora en este tiempo presente (Juan 3:36; 1 Juan 5:11) y encuentra su cumplimiento glorioso en la era que viene que dura para siempre (Marcos 10:30; Judas 1:21).

¡Alaben al Señor por la vida eterna que está en el Hijo y por el Espíritu eterno que nos da esta vida! (Juan 6:63). Sembremos copiosamente para agradar al Espíritu, regocijandonos  que desde nuestro «interior correrán ríos de agua viva» (Juan 7:38), «una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4:14).

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