La Pasión Por La Oración De David Brainerd

E8ADB2CF-3500-42AE-AB95-B4585F2CF45EHoy se completa un año desde la primera vez que prediqué a estas indígenas de Nueva Jersey. ¡Que cosas tan asombrosas ha hecho Dios en este período de tiempo para esta pobre gente! ¡Que cambio tan sorprendentemente aparece en su carácter y su conducta!
Por Walter Searle
En un folleto de extractos del registro diario y del diario de vida de David Brainerd, Andrew Murray escribe la siguiente introducción:
«Dios no tiene ningún don mas precioso para conceder a una iglesia o a una época que un hombre que viva como la encarnación de Su voluntad y que inspire a los que viven a su alrededor la fe de lo que puede hacer la gracia. Hablamos del siglo diecinueve como un siglo de avivamiento misionero. Es notable la forma en que, en el siglo anterior, Dios dio a Su iglesia dos hombres cuyas biografías no solo testifican una devoción intensa y sacrificial a la obra misionera, sino que ayudan, especialmente a aquellos que los siguen, a creer en el poder de la oración como un elemento esencial del servicio en el reino.
«David Brainerd y Henry Martyn fueron ambos testigos poderosos de la fe en la promesa de Dios y la seguridad confiada de que la oración apresuraría la venida del reino. Muchos misioneros que vinieron después deben la profundización de su fe en la oración a su ejemplo.
«Este pequeño volumen de extractos de la vida de David Brainerd ha sido preparado para presentar algunos de los pasajes que se refieren a su intensa y poderosa oración, dentro del alcance de todos los cristianos. Lo único que quisiera decir a todos los lectores es: Procura no estar contento, ni aún deleitarse, con lo que lees sobre la intensidad de las oraciones de Brainerd y la maravillosa respuesta que algunas veces llegó rápidamente y con tal poder.
«Este gozo podría tentarte a contentarte con la aprobación y placer de conocer lo que él hizo. Pero esto sería de poco provecho. Lee, haz una pausa y lee de nuevo, como en la presencia de Dios, hasta que oigas la voz del Espíritu que te llama a seguir las pisadas de los siervos de Dios. Pídele gracia que te capacite para probar cual es el secreto de un amor tan intenso a las almas, y una seguridad tan confiada de que Dios, en respuesta a tu oración, también va a conceder su bendición a aquellos por los que oras.
«Y oremos de modo muy especial para la iglesia pueda ser reargüida del pecado de falta de oración, y de no aprovechar las benditas posibilidades de una vida clamando día y noche a Dios por sus bendiciones, sobre todo para los que están todavía en las tinieblas. Que Dios bendiga a cada lector de este libro.»

Unos pocos años de bendición
Walter Searle, amigo de Andrew Murray, quien eligió los extractos del registro diario y del diario de vida para incluirlos en el panfleto, escribe en la introducción, «El espacio no permite las numerosas citas que me gustaría dar, ilustrando lo intensa y habitual que era su pasión [de Brainerd] suprema por la gloria de Dios, como ésta:
«‘¡Oh! Si pudiera pasar cada momento de mi vida por la gloria de Dios’; o ésta unos pocos días antes de su muerte: ‘Es un refrigerio para mi alma el pensar en las cosas primeras, los deseos de glorificar a Dios y a los placeres de vivir para Él.’
«Esta fue su dedicación a las tareas misioneras, después de haber sopesado en las balanzas una vida de relativa comodidad en un pastorado en tierras civilizadas: ‘Aquí estoy, Señor; envíame a los paganos rudos, salvajes del desierto; envíame lejos de todo lo que se llama comodidad, incluso a la misma muerte, si ha de ser en Tu servicio y para propagar y engrandecer Tu reino.’
«Su pasión [de Brainerd] por Dios, su anhelo de santidad, así como su práctica habitual de la oración harán de él siempre una influencia que constriñe. Es hacia gracia suya [la práctica de la oración] que llama especialmente la atención. Nótese cuidadosamente con que frecuencia se retira para la oración, lo prolongada y ferviente que es, incluso hasta sudar profusamente, como John Fletcher, y la forma en que esto se mezclaba, como las oraciones de Moisés, Daniel, Palo y el mismo Salvador, con ayunos. Nótese también lo que dice continuamente: ‘Dios me permitió luchar por multitudes de alma inmortales.’»

Aquí hay tres entradas de su diario:
1 de diciembre «Por la mañana y por la noche gocé de alguna intensidad en la oración y anhelé un engrandecimiento del reino de Cristo en el mundo. Mi alma parece no poder esperar en Dios, hasta el tiempo en que Él va a derramar su bendición a la iglesia. ¡Oh, si la religión pudiera ser reavivada con poder!»
22 de diciembre «Pasé el día solo en ayuno y oración y leyendo la palabra sobre las pruebas y liberaciones de sus hijos. Creo que resultó una corroboración de la fe, y la comprensión del poder, gracia y santidad divinos, y también sobre la inmutabilidad de Dios, que Él es el mismo que libraba a sus santos de antaño de las grandes tribulaciones. Mi alma estuvo orando varias veces por el aumento de la iglesia y el pueblo de Dios. ‘¡Oh, si Sión pudiera pasar a ser el gozo de toda la Tierra!’ Es mejor esperar en Dios con paciencia que poner la confianza en nada de este mundo inferior. ‘Alma mía, espera en Jehová,’ porque ‘de Él viene tu salvación.’»
12 de julio «Hacia la noche, el peso de mi carga con respecto a los indios empezó a incrementarse, y me apenó el oír varias cosas que daban la impresión de ser desanimadoras; en particular, que los indios tenían intención de reunirse el día siguiente para una fiesta idólatra y bailar. Entonces empecé a estar angustiado. Pensé que debía ir, en conciencia, y esforzarme por desbaratarlo todo; no obstante, no sabía como hacerlo. Así que me retiré para orar, esperando recibir fuerza de arriba.
«Me sentí en gran manera corroborado por la oración, y mi alma fue sondeada como pocas veces recuerdo que lo haya sido en la vida. Estaba en una angustia tal y oraba con tanto fervor e importunidad, que cuando me puse de pie me sentí en extremo débil y agotado; apenas podía mantenerme derecho; mis articulaciones estaban sueltas; el sudor me corría por el rostro y el cuerpo, y mi naturaleza parecía como si fuera a disolverse….»

Después de la noche viene la mañana
Después de la noche de llanto, viene el gozo de la mañana para Brainerd. «La oración que prevalece por fin, ha traído su bendición, como la oración de Elías pidiendo lluvia.» Después de unos años de ministerio intenso entre las indígenas salvajes del territorio primitivo de América, antes de que Dios lo llamara para ir al cielo, Brainerd pudo escribir:
«El ver a los que habían sido paganos, salvajes e idólatras hasta hace poco, sin esperanza y sin Dios en el mundo, llenos ahora de un sentimiento del amor y la gracia divina y adorando al Padre en espíritu y en verdad, como hacían los que estaban allí, era algo emocionante; y especialmente el ver que se mostraban tan mansos y humildes como activos, fervientes y devotos en el servicio divino…»
«Hoy se completa un año desde la primera vez que prediqué a estas indígenas de Nueva Jersey. ¡Que cosas tan asombrosas ha hecho Dios en este período de tiempo para esta pobre gente! ¡Que cambio tan sorprendentemente aparece en su carácter y su conducta! ¡En que forma estos morosos paganos medio salvajes, en este corto período de tiempo, se han transformado en cristianos humildes y afectuosos, y sus aullidos paganos y embriagueces se han vuelto alabanzas fervientes y devotas a Dios! Los que ‘andaban en tinieblas, ahora pasan a ser luz en el Señor’ Muchos andan como hijos de la luz y del día.’ Y ahora, a Aquél que tiene poder para establecerlos según el Evangelio y la predicación de Cristo – a Dios el único sabio – sea la gloria mediante Jesucristo por los siglos de los siglos amén.»
Una semana antes de morir Brainerd escribió en su registro diario, «Oh que Su [Dios] Reino pueda venir a este mundo, que puedan todos ellos amar y glorificarle por lo que es en Si mismo, y que el bendito Redentor pueda ver el trabajo de Su alma y quedar satisfecho. ¡Oh, ven Señor Jesús! ¡Ven pronto! Amén.»
Searle concluye: «Al contemplar este traslado el cielo, oremos, como Eliseo, para que podamos recibir una porción doble de su espíritu; su amor para los paganos, y su deseo ferviente de que el Reino de Cristo venga pronto.»

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