Usa El Poder Y La Victoria Del Calvario

40563581-DA99-4DCB-8C3C-D22D2A4071DBParecía que el Señor me estaba diciendo: ‘Tú quieres hacer una gran obra entre los habitantes de las montañas lisu, y Yo quiero hacer una gran obra en tu propia persona.’
Por Sra. Howard Taylor

Santiago Fraser pasó treinta años de su vida como misionero en Lisuland (region del territorio de los Lisu, un grupo tribal , en el suroeste de China). Después de cinco años de estar laboriosamente llevando el Evangelio a ellos, sintió una tremenda inseguridad dentro de su corazón.

Todo lo que había creído y causado gozo en su corazón vino a ser irreal, y aun sus oraciones estaban faltas de poder y significado. «¿Contesta Dios la oración?» era la pregunta que más le atormentaba día con día. «¿Se interesa Dios por nosotros?» «¿Que de nuestra fe y expectación?» En su soledad, sintió una depresión que jamás había sentido.

¿Tenía él razón en la decisión que había tomado? Hacía cinco años que había llegado a China, y no podía ver el fruto de su trabajo. ¿Se había equivocado al venir a China? ¿Había él obrado conforme a la voluntad de Dios?

Fue durante esta crisis que él recibió una revista que jamás había visto. Su aparición en aquella choza de las montañas lisu no pudo haber sido más oportuna, pues exponía el mensaje del Señor que dice: «y la verdad os libertará» (Juan 8:32).

La verdad que se apodero de Fraser a medida que leía aquellas páginas tan importantes fue que Satanás es un enemigo conquistado. Cristo, nuestro Señor Resucitado, le hirió en la cabeza al morir por nosotros en la cruz del Calvario (Gn. 3:15). «Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz» (Col. 2:15). Esto ya lo sabía Fraser como punto de doctrina, pero ahora estaba realmente consciente de que la victoria es nuestra.

En realidad, Satanás quería que él fracasara como misionero. No había palabras para expresar el tremendo conflicto que él había tenido. Pero ahora el Cristo victorioso lo llevaba de la mano. ¿Qué otra voz podía decir: «Al que venza, le daré que se siente conmigo en Mi trono, así como Yo he vencido, y me he sentado con Mi Padre en Su trono» (Ap. 3:21)?

Y allí en las montañas lisu, Fraser respondió de nuevo al poder libertador de la cruz. «Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero, y de la palabra del testimonio de ellos» (Ap. 12:7-11). Allá en aquella choza, se llevó la victoria que iba a traer la vida a miles de personas.

Con este glorioso mensaje en su boca, en su mente y en su corazón, Fraser descubrió que Santiago 4:7 expresa una realidad pues dice: «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huira de vosotros.» Otras palabras que Fraser encontró de mucha ayuda fueron las que Cristo expresó al decir: «Vete de mí, Satanás» (Lc. 4:8), pues Satanás en realidad se fue.

«Yo también comencé a hablarle al diablo con la autoridad de la Palabra de Dios,» escribe el Hno. Fraser, «y fue entonces cuando principié a triunfar y a quedar libre de aquella terrible opresión. Poco a poco tuve que aprender a usar aquella arma valiosa de la Palabra de Dios. ¡Pero tenía tanto que aprender! Parecía que el Señor me estaba diciendo: ‘Tú quieres hacer una gran obra entre los habitantes de las montañas lisu, y Yo quiero hacer una gran obra en tu propia persona.’

Pero aquella batalla no había terminado, pues comencé a tener malos pensamientos que no me dejaban en paz. Los malos pensamientos me seguían aun cuando yo estaba predicando.

«Decidí apartarme a un lugar montañoso y solitario para orar y vencer al diablo con el poder y la autoridad de la Palabra de Dios. Reclamé la victoria de la sangre de Cristo en la cruz. Le grité a Satanás que se apartara de mí. Le dije como Cristo: ‘Escrito está, escrito está.’ Y aquella tremenda amenaza del diablo se apartó de mí en aquel mismo instante para la gloria de Dios.

«Santiago 4:7 todavía está en la Biblia. La Palabra de Dios dice que el Señor clamó a gran voz ante la tumba de Lázaro (Juan 11:43). El Señor también clamó desde la cruz (Mt. 27:46). En tiempos de crisis y conflicto encuentro muy apropiado repetir las palabras de la Biblia, pues al hacerlo encuentro la victoria sobre Satanás y las circunstancias que me rodean. Al hablar con la autoridad de la Palabra de Dios, puedo aplastar todo oposición fácilmente.»

«Resistid al diablo, y huira de vosotros» (Stg. 4:7).

 

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