“ACÁN”

8B00E3B4-4076-47C3-8E6A-833C05D8A304Debemos deshacernos de lo que cause el problema. No vale la pena ponerle una pomada a la llaga mientras dejamos allí dentro el aguijón — astilla que sigue lastimando. ¡Es mejor deshacerse del espigón! ¡Dios odia el pecado tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento!

Por W. C. Moore
Un “Acán” en tu vida o en la mía, puede traer la derrota. La palabra “Acán” significa “aflicción” o “afligir”. En el séptimo capítulo del libro de Josué, descubrimos que sólo un Acán era suficiente para traer la derrota a toda la nación de Israel. Y así como pasa con una nación, igual puede ocurrir con un individuo o con una iglesia de hoy. Precisamente, después de la victoria maravillosa que el Señor dio a Josué y a la nación de Israel en Jericó, de pronto la ira del Señor estaba contra Israel, y experimentaron la derrota en Hai.
Había algo que no estaba bien. Josué sabía que algo pasaba, pero desconocía lo que era. Por consiguiente, sencillamente paró todo hasta que Dios le mostrara el obstáculo y cómo quitarlo.
“Entonces Josué…se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel” (Josué 7:6). Y se quedó allí hasta que Dios le pidió levantarse (vs. 10-12).
Cuán distinto de lo anterior nos hemos comportado nosotros mismos una y otra vez. Llega alguna derrota, alguna aflicción, y en lugar de buscar primero el rostro de Dios, quedándonos allí hasta descubrir el problema y el remedio, tenemos la tendencia de razonar así:
—Es verdad que experimenté la derrota en este Hai, pero iré a otra ciudad para conquistarla. Quizá allá tendré éxito.
¡Sería mejor que cada uno de nosotros, al experimentar la derrota, nos postráramos delante de Dios, quedándonos allí hasta que Dios nos pidiera levantarnos!
Tenemos que tratar honestamente con Dios. Él se mostrará recto, para con el hombre íntegro (Salmo 18:25). ¡Un poco de incredulidad, codicia, amargura, egoísmo, desobediencia, de espíritu crítico, hipocresía, de falta de amabilidad, chismorreo, murmuración, engaño, orgullo, de falta de moderación—y el Señor quita de nuestras vidas la plenitud de su bendición!
Él no participará de nuestros pecados. Y tampoco nos animará a seguir en ellos. Que Dios nos ayude a “cazar…las zorras pequeñas”, y destruir desde el principio cada tendencia hacia la maldad (Cantar de los cantares 2:15).
Debemos deshacernos de lo que cause el problema. No vale la pena ponerle una cataplasma a la llaga mientras dejamos allí dentro el aguijón — astilla que sigue lastimando. ¡Es mejor deshacerse del espigón! ¡Dios odia el pecado tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento!
“Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él” (1 Juan 3:21-22).
No debemos abusar de la misericordia de Dios. Siempre hay condiciones que llenar continuamente, para tener siempre la aprobación de Dios sobre nuestra vida. Debemos andar en la luz que Dios nos da, si queremos que la sangre de Cristo siga limpiándonos de toda maldad (1 Juan 1:6-10).
Dios había dicho a Josué: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé” (Josué 1:5).
Pero cuando entró el pecado en el campo, Dios dijo claramente a Josué: “Ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros” (Josué 7:12).
Un efecto, un resultado de postrarnos delante del Señor y quedarnos allí hasta que Él nos instruya acerca de lo que debemos hacer, es esto: Llegaremos a ser sojuzgados en espíritu y estar dispuestos a hacer cosas duras, cosas que están en contra de nuestra carne. “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas” (Isaías 40:31). Aun cuando Él nos instruya a reprender a alguien que amemos intensamente, mientras esperemos en Dios, Él nos dará la fuerza para hacer lo que es justo.
¡Oh, qué terrible es tener estos “Acanes” que estorban la obra de Dios en individuos, en ti, en mí, en compañías enteras del pueblo de Dios! Debemos abandonar el pecado así como confesarlo, para caer en la gracia de Dios. “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).
Confesar siempre nuestros pecados, pero nunca abandonarlos, es igual a preocuparnos siempre por la presencia de Acán en el campo, pero nunca librarnos de él. Debemos cooperar con Dios. Nosotros tenemos algo qué hacer. Dios no va a hacerlo todo por nosotros.
Josué mismo tuvo que destruir “el anatema” de en medio de ellos — Dios no iba a hacerlo por él. Cristo, la Cabeza de la iglesia, dijo: “¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo” (Mateo 7:5).

Anímate
No niegues ninguna experiencia que el Señor te haya dado, mas recuerda que Cristo dice: “Velad, pues, en todo tiempo orando” (Lucas 21: 36). No te engañes al pensar que es posible tener una experiencia que te “guardará”. Sólo Dios puede guardarte. Somos “guardados por el poder de Dios mediante la fe” (1 Pedro 1: 5). “Sed sobrios, y velad” (1 Pedro 5:8). No es necesario pecar, porque Cristo nunca pecó, pero si acaso pecas, encárate francamente con los hechos, y pídele a Dios que te perdone y te llene de su Espíritu Santo.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s