Mas Que Vencedores

IMG_5403CONTINUACION DEL MENSAJE “FE EN CRISTO Y EN LA PALABRA”

¿Quiere alguno pelear la batalla del soldado cristiano exitosa y prósperamente?
Ore pidiendo un continuo aumento de fe.  Permanezca en Cristo, acérquese más a Cristo y aférrese más a Cristo cada día de su vida.  Ore cotidianamente como oraban los discípulos: «Señor, auméntanos la fe» (Lucas 17:5).  Vigile celosamente su fe, si es que la tiene.  Éste es el baluarte del carácter cristiano de la cual depende la seguridad de toda la fortaleza.  Es el punto que a Satanás le encanta asaltar.  Todo queda a los pies del enemigo si no hay fe.  En esto, si amamos la vida, tenemos que mantenernos en guardia de una manera especial.
Recordemos que si queremos pelear exitosamente tenemos que ponernos toda la armadura de Dios y no quitárnosla hasta morir.  No podemos prescindir ni siquiera de una pieza de ella.  El cinto de la verdad, la coraza de justicia, el escudo de la fe, el yelmo de la salvación, la espada del Espíritu, todos estos pertrechos son absolutamente necesarios.  No podemos quitarnos ninguna parte de la armadura ni siquiera un día.  Dijo bien aquel veterano del ejército de Cristo que murió hace 200 años, «Apareceremos en el cielo, no con nuestra armadura puesta, sino vestidos con mantos de gloria.  Pero mientras estemos aquí tenemos que usar nuestras armas día y noche.  Tenemos que caminar, trabajar y dormir en ellas, si no, no somos verdaderos soldados de Cristo» (Christian Armour [Armadura cristiana], por Gurnall).

Vencedores por medio de Cristo
Recordemos que la mirada de nuestro amante Salvador está sobre nosotros de mañana, al mediodía y en la noche.  Nunca nos dejará ser tentados más de lo que podamos resistir.  Él puede sentir lo que sentimos en nuestras debilidades, pues Él Mismo fue tentado.  Sabe cuáles son nuestras batallas y conflictos porque Él Mismo fue atacado por el príncipe de este mundo.  Teniendo semejante Sumo Sacerdote, Jesús, el Hijo de Dios, mantengámonos firmes en nuestra profesión (Hebreos 4:14).
Recordemos que miles de soldados ya han peleado la misma batalla que estamos peleando nosotros y que fueron victoriosos por medio de Aquél que los amó, vencieron por la sangre del Cordero, y nosotros también podemos hacerlo.  El brazo de Cristo es tan fuerte como siempre.  Él que salvó a hombres y mujeres que vivieron antes que nosotros, es Él que nunca cambia.  «Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios» (Heb. 7:25).  Entonces, librémonos de nuestras dudas y temores.  Seamos «imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas» (Heb. 6:12).

Fin

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