Mi copa esta rebosando

IMG_5429¡Qué cuadro de la gracia abundante y copiosa de Dios, el cuadro de una vida que rebosa! ¡Eso es el lo que quiere para nosotros – no vivir de los sedimentos, no de los sobrantes de la bondad de Dios en nuestras vidas, sino de la plenitud! «Mi copa está rebosando.» Eso es lo que Dios quiere para todos los creyentes en cada etapa de la vida. No es natural. Es sobrenatural. Mi copa queda casi vacía y encuentro que cuantos más años tengo, mayores son los desafíos, tanto menos queda en mi copa. Pero Dios se especializa en tomar copas vacías, copas desesperadas, necesitadas y de llenarlas hasta el borde.
Algunas de nosotras llevamos una vida cristiana que está escatimando, raspando el fondo, apenas sobreviviendo, una vida necesitada. El Salmo 23 dice: «Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.» Éste es un cuadro de abundancia, de plenitud. Pablo dijo en Filipenses 4:18 desde una celda: «Tengo abundancia; estoy lleno.» Estaba diciendo que su taza rebosa. «El que cree en mí,…de su interior correrán ríos de agua viva.» Jesús dijo: «De su interior correrán ríos de agua viva» (Juan 7:38). Ésa es la clase de vida que quiero vivir. No lo tengo en mí y usted no lo tiene en usted, pero el Espíritu Santo lo tiene en Él. Es la vida de Jesús que me llena, fluyendo a través de mí.

Eso no quiere decir que estamos felices. Hay tiempos cuando estamos en el valle de profunda oscuridad. Tengo que creer que incluso en esas tiempos de tormento, terror, la noche, el mal y los enemigos, Dios puede llenar nuestras copas. Él puede ungir nuestras cabezas con aceite. «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendito con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» (Efesios 1:3). ¿Qué cosas necesito, que no tengo ahora y que necesito? ¿Qué bendición, qué bondad existe que Dios no me ha dado en Cristo? Nada. Tiendo a estar más enfocada naturalmente en mis problemas y los desafíos que en mis bendiciones.
Tenía una amiga de mucho tiempo que recientemente se ha ido para estar con el Señor. Decía, «He conseguido más bendiciones que los que he pedido en oración.» Ésa es esa clase de mujer que quiero ser. Pero no voy a ser así cuando tenga 90 años, si cuando estoy en mis cuarenta soy una quejosa. «He conseguido más bendiciones que los que he pedido en oración.» No quiere decir que no compartamos nuestros pedidos de oración. No quiere decir que nos ponemos una fachada, «Todo está bien.» Tenemos que ser reales y sinceros, pero tenemos que compartir los desafíos teniendo en cuenta las bendiciones. Dios es abundante en misericordia. Nos perdona en abundancia. Para el pecado que rebosa, hay gracia que rebosa.

¿Y qué pasa con los problemas? Pablo dice en 2 Corintios 12 que por amor de Cristo se deleitaba en las aflicciones y las privaciones que fue llamado sobre el sufrimiento. Dios da un placer que rebosa y la gracia para cubrir la necesidad. Cuando nuestros problemas rebosan, por eso el consuelo que es nuestro en Cristo rebosa. ¿Usted tiene muchos problemas? Dios tiene más gracia. ¿Usted tiene mucho pecado? Dios tiene más gracia. ¿Usted tiene mucho en su pasado? Dios tiene más gracia. «Mi copa está rebosando.»
Con razón el salmista podía decir: «Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado…Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre» (Sal. 16:6, 11). En 2 Corintios 8 y 9 el apóstol Pablo nos dice que hemos sido bendecidos con abundancia con el propósito de que podamos rebosar en las vidas de otros. Mi copa rebosa así yo puedo ayudar para que rebose su copa. Y su copa rebosa así usted puede ayudar para que rebose mi copa. Llegamos a ser un canal de la misericordia y gracia y bendición de Dios a otros. Podemos ser generosas por la abundancia que Dios nos ha dado.

Así que hay un ciclo en nuestras vidas: la necesidad rebosante conduce a la gracia desbordante de Dios, que me conduce a la gratitud, que resulta en la generosidad rebosante. Dios nos da la gracia rebosando con el propósito de que podamos ser generosos con los demás así que todos podemos estar agradecidos con Dios. Es una vida rebosante. Eso quiere decir que no hay posibilidad para quejarse. En lugar de eso tenemos cada razón para la gratitud rebosando. No hay razón para una vida mesurada y tacaña. En vez de eso, hay toda razón para desbordar la gracia y la gratitud. Mi copa está rebosando. ¿La suya rebosa? Por la fe puede rebosar. Es Su vida.

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