Cuando Siguiendo A Dios No Es Fácil P.1

IMG_5341Algunas veces todo parece tan fácil.  Todo en la vida se coordina muy bien por ti y todo marcha bien.Tu trabajo te gusta y te es agradable. Tu familia se encuentra feliz. Las cosas andan bien en la iglesia. Tus seres queridos tienen buena salud. Esos momentos se destacan por su escasez, ¿verdad? Demasiadas veces, nos sentimos como si estuviéramos bajo un ataque. La vida nos parece dura. Las dificultades nos rodean. Las relaciones están fracturadas, la salud se ha ido y la situación financiera es una lucha. Estos valles de lucha y batalla nos parecen demasiado comunes.
¿Cómo podemos tratar con estos tiempos duros? ¿Dónde está Dios cuando la vida se pone muy difícil? ¿Hay un clave para poder vencer las épocas de desánimo? La Biblia se dirige a las dificultades de la vida con gran honestidad. La Palabra de Dios nunca presenta a la vida de un creyente como una vida sin lucha. Las dificultades y los problemas vienen con el paquete de la vida.

Una de las grandes historias de la victoria sobre la adversidad se encuentra en el cuarto capítulo de Nehemías. Es una historia que inspira de cómo los judíos exilados volvieron bajo el liderazgo de Nehemías para reconstruir las paredes de Jerusalén. Los enemigos de Dios atentaron a pararlos. Pero a pesar del gran peligro y gran oposición, los exiliados triunfaron. Hay mucho que podemos aprender de ellos:
“Cuando Sanbalat se enteró de que estábamos reconstruyendo la muralla, se disgustó muchísimo y se burló de los judíos. Ante sus compañeros y el ejército de Samaria dijo: ‘¿Qué están haciendo estos miserables judíos? ¿Creen que se les va a dejar que reconstruyan y que vuelvan a ofrecer sacrificios? ¿Piensan acaso terminar en un solo día? ¿Cómo creen que de esas piedras quemadas, de esos escombros, van a hacer algo nuevo?’ Y Tobías el amonita, que estaba junto a él, añadió: ‘¡Hasta una zorra, si se sube a ese montón de piedras, lo echa abajo!’
“Por eso oramos: ‘¡Escucha, Dios nuestro, cómo se burlan de nosotros! Haz que sus ofensas recaigan sobre ellos mismos: entrégalos a sus enemigos; ¡que los lleven en cautiverio! No pases por alto su maldad ni olvides sus pecados, porque insultan a los que reconstruyen.’ Continuamos con la reconstrucción y levantamos la muralla hasta media altura, pues el pueblo trabajó con entusiasmo.

“Pero cuando Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los asdodeos se enteraron de que avanzaba la reconstrucción de la muralla y de que ya estábamos cerrando las brechas, se enojaron muchísimo y acordaron atacar a Jerusalén y provocar disturbios en ella. Oramos entonces a nuestro Dios y decidimos montar guardia día y noche para defendernos de ellos.
“Por su parte, la gente de Judá decía: ‘Los cargadores desfallecen, pues son muchos los escombros; ¡no vamos a poder reconstruir esta muralla!’ Y nuestros enemigos maquinaban: ‘Les caeremos por sorpresa y los mataremos; así haremos que la obra se suspenda.’ Algunos de los judíos que vivían cerca de ellos venían constantemente y nos advertían: ‘Los van a atacar por todos lados.’
“Así que puse a la gente por familias, con sus espadas, arcos y lanzas, detrás de las murallas, en los lugares más vulnerables y desguarnecidos. Luego de examinar la situación, me levanté y dije a los nobles y gobernantes, y al resto del pueblo: ‘¡No les tengan miedo! Acuérdense del Señor, que es grande y temible, y peleen por sus hermanos, por sus hijos e hijas, y por sus esposas y sus hogares.’ Una vez que nuestros enemigos se dieron cuenta de que conocíamos sus intenciones y de que Dios había frustrado sus planes, todos regresamos a la muralla, cada uno a su trabajo.

“A partir de aquel día la mitad de mi gente trabajaba en la obra, mientras la otra mitad permanecía armada con lanzas, escudos, arcos y corazas. Los jefes estaban pendientes de toda la gente de Judá. Tanto los que reconstruían la muralla como los que acarreaban los materiales, no descuidaban ni la obra ni la defensa. Todos los que trabajaban en la reconstrucción llevaban la espada a la cintura. A mi lado estaba el encargado de dar el toque de alarma.
“Yo les había dicho a los nobles y gobernantes, y al resto del pueblo: ‘La tarea es grande y extensa, y nosotros estamos muy esparcidos en la muralla, distantes los unos de los otros. Por eso, al oír el toque de alarma, cerremos filas. ¡Nuestro Dios peleará por nosotros.

CONTINUARA

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