Ella Confiará En Mí
 (Si La Bendigo O No)

IMG_5339PODEROSA MEDITACIÓN Guillermo McLeod, informativo de la Asociación de Avivamiento
Una señora en el Canadá del este se dedicó plenamente a la obra del Señor, y experimentó una renovación profunda en su corazón y su vida. Comenzó a alabar al Señor contínuamente, y fue natural que le gustaba bastante bien la vida cristiana. Muchos tenían envidia de ella por esta nueva manera de vida.
No obstante, un día cuando se despertó, perdió el gozo. Luchaba en vano para recobrar lo que pensaba que perdió. Pidió a Dios que le enseñara el pecado en su corazón que estorbaba su bendición, pero reinó un silencio profundo.

Por fin, desesperada, vino para aconsejarse conmigo. Fue difícil lograr su atención, porque no deseaba nada que reingresarse en su experiencia anterior. Después de un consejo paciente, pude dirigir su atención a la Palabra de Dios. Le mostré 1 Pedro 1:6: “En lo cual vosotros os alegráis, estando al presente un poco de tiempo afligidos en diversas tentaciones, si es necesario”. No comprendió eso. Así que pasamos a considerar Isaías 50:10, y aquí ella encontró el socorro que necesitaba:
“¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios”.
Le mostré que es posible caminar muy cerca a Dios y todavía aparentemente caminar en las tinieblas. El Señor nos dice que cuando ocurre eso, debemos “confiar en el nombre de Jehová” (esto intima la fidelidad de Dios) “y apóyese en su Dios”. Fue Pablo que dijo: “…pero de ninguna cosa hago caso” (Hechos 20:24). Él hubiera permitido estas cosas apartarle de su confianza en Dios, pero no lo hizo.

Leí una vez una historia interesante de una señora cristiana que estaba perpleja porque no parecía tener el gozo que quería en su relación con Dios. Había orado mucho acerca de esto, y una noche tuvo un sueño vívido. En el sueño se arrodillaba con más o menos 20 personas en el frente de la iglesia. El Señor Jesucristo mismo andaba pausadamente a lo largo de la línea de gente y ponía sus manos sobre la cabeza de cada persona, bendeciéndoles. Pero cuando llegó a ella, dio un paso hacia atrás y dijo:
“Ella confiará en mí si la bendigo o no”.
Entonces la pasó de largo sin echar mano a su cabeza y proseguía bajar la línea.

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