Conociendo Al Pastor P. 3

IMG_5306Los Verdes Pastos y Aguas de Reposo
«En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará» [o algunas de sus traducciones dicen: «Él me lleva junto a aguas tranquilas»] (v. 2). Pienso en David que dijo: «¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría. Ciertamente huiría lejos; Moraría en el desierto» (Sal. 55:6-8).
Nos encontramos enredados en tornados de actividad, una actividad frenética, necesitando desesperadamente de estos pastos verdes. Necesitamos sosegar nuestros corazones en estas aguas de descanso, aguas tranquilas. Cuando nuestro corazón descansa y se refresca, entonces el resto de nuestro ser descansará y se refrescará. El problema a veces es que nos enfocamos en conseguir que nuestro cuerpo esté descansado y refrescado, pero nuestro corazón no descansa ni se refresca, y todavía estamos alborotados. Dios habla sobre santificarnos: cuerpo, alma y espíritu (1 Tes. 5:23), todas las partes de nuestro ser. Esto es estar descansado y refrescado.

Antes de que las ovejas puedan ser productivas y puedan proporcionar lana y carne, ellas tienen que ser saludables y maduras y bien desarrolladas. En nuestras vidas cristianas tendemos a poner la productividad primero e ignorar simplemente nuestra salud espiritual. Pero un alma enferma, inmadura no puede ser verdaderamente productiva, y Dios mide la productividad. Nosotros oímos: «Jehová es mi Pastor, y Él me da mucho para hacer….» Esa no es la mentalidad que vemos en el Salmo 23. Primero: «Jehová es mi Pastor…. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará.» ¿Por qué? Para que podamos conseguir comida y bebida – estar refrescadas – antes de que salgamos e intentemos ser productivas.

Algunas de ustedes han sido alguna vez mamás lactantes. Una madre lactante tiene que estar bien nutrida antes de que ella pueda proporcionar la nutrición de calidad a su bebé sediento. Ella va a repartir lo que se pone en ella. Muchas de nosotras, intentando ministrar y discipular a otras, estamos alimentándolas con esa frenética, desgastada y frustrada forma de vida, e intentando nutrir a otras cuando nuestros propios corazones no están nutridos. Algunas de nosotras estamos espiritualmente malnutridas. Intentamos resolver todas las necesidades de los demás, intentamos proporcionar la nutrición a otros, intentamos ser productivas, pero nos estamos quedando destrozadas. No tenemos nada que ofrecer. Las personas hoy, incluso dentro de la Iglesia, triste es decirlo, parecen quedar impresionadas con toda la actividad – en cuántas actividades usted está involucrada; cuánto logra hacer. En nuestro mundo del siglo XXI parece algo perezoso e improductivo hablar de reposar sobre verdes pastos.

La prisa es la enemiga de la intimidad espiritual. Mientras leen los Evangelios, pueden ver el modelo de la vida de Jesús. Una de las cosas que me llama la atención es que Jesús nunca parecía tener prisa. No es que Él no estaba ocupado. Nosotros no leemos de Él corriendo. Yo no estoy diciendo que Él nunca lo estuvo, pero Dios no lo pensó lo suficientemente importante si fue así, como para ponerlo en las Escrituras. Usted lee sobre Él caminando; lee sobre Él sentándose junto al pozo al mediodía. Usted lee sobre Jesús que se reclina para las comidas.
También lee sobre Él durmiendo en el barco cuando una tormenta está aconteciendo y todos estaban en un temblor. No es la manera como funcionamos naturalmente. ¿Podríamos estar durmiendo en esa tormenta? Aun cuando no tuviéramos miedo de la tormenta, estaríamos pensando, «¿Qué vamos a hacer? ¡Nosotros estamos a cargo de la situación! ¡Tenemos que tener el control! Tenemos que encontrar una manera de arreglarlo. ¡Tenemos que encontrar una manera para calmar la tormenta! ¡Tenemos que calmar a las personas que tienen miedo de la tormenta!» Pero usted no encuentra ese Jesús frenético que está fuera de control.
La prisa no es conducente a la piedad o a las relaciones o al crecimiento espiritual.

No es conducente a ser una buena madre o a ser una buena esposa. No es conducente a ser fructíferas en nuestra iglesia o en el discipulado. Con sus hijos, usted no puede simplemente fijar el tiempo para el discipulado. Si estamos viviendo una vida de prisa, extrañaremos algunas de las oportunidades más importantes, valiosas y preciosas de entrar a raudales en la vida de los hijos y de otros. A menudo estamos atrasados – sin ningún margen, sin tiempo. No podremos atender a la mujer con el flujo de sangre que viene, apretando a través de la muchedumbre, queriendo vida y salud porque estamos en camino a la casa de Jairo. Pero Jesús se pudo detener y estar atento para ministrar a las personas. Él no iba a la carrera (Lucas 8:41-48). La piedad y la intimidad no se cultivan a la carrera. Requieren tiempo y meditación y que nuestra atención esté concentrada. No hay ningún atajo a la madurez espiritual. Hay un antiguo himno que ya no cantamos mucho, porque no entendemos su estilo de vida: «Tome tiempo para ser santo, el mundo sigue corriendo de prisa; pase mucho tiempo en secreto a solas con Jesús….»

Las ovejas no saben que necesitan descansar, ni cuando necesitan descansar, y a menudo así somos nosotras. Por eso ellas necesitan un pastor, y por eso nosotras necesitamos un pastor. Nosotras tenemos un Pastor que nos hace acostarnos en verdes pastos. Yo estoy aprendiendo que si yo no le permito llevarme allí, a veces Él me hará acostarme en los verdes pastos. Él tiene diferentes maneras para detenernos y para conseguir nuestra atención. Él dice y hace cosas en nuestro corazón que salen de Su obligación, de tener que hacernos acostar en verdes pastos.
Los discípulos de Jesús tenían que aprender esto. Jesús primero eligió a los doce. Marcos 3:13-14 nos dice que Él los escogió primero, que ellos podrían estar con Él, y después Él podría mandarles que ministraran a otros. Ésa no es la manera que nosotras lo hacemos en la mayoría de nuestras iglesias. Conseguimos que las personas se salven, se bauticen, y que enseñen una clase de escuela dominical en seguida, muchas veces antes de que ellos se hayan conectado con la tierra, antes de que ellos hayan estado con Jesús. Cada vez que salimos para ministrar necesitamos pasar tiempo primero con Jesús, llenándonos de Él antes de encaminarnos en el día para ministrar – sea a nuestros hijos, o en nuestro lugar de trabajo, o en nuestro ministrar diario. Primero, esté con Él, sólo con Él. No parece muy productivo cuando medimos la productividad. Lo que estamos haciendo con ese tiempo solamente nos corresponde a nosotros.

CONTINUARA

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