Rexlexionando sobre la Vida Eterna

IMG_5242Una breve pepita de oro para meditar

Cuando poseemos vida eterna, poseemos todo lo que Dios tiene para nosotros. Podríamos haber producido sólo unas cuantas vetas de metal precioso, no obstante, se nos han dado vastos tesoros. Recuerda, además, que las grandes y preciosas promesas de la Biblia se nos han dado para que mediante ellas podamos participar de la naturaleza de Cristo. No es mejorar nuestra antigua vida, sino participar de una vida enteramente nueva.

Al adentrarnos en la Palabra de Dios, encontraremos declaraciones como las siguientes: “Por nada estéis afanosos…” (Filipenses 4:6), “…Amad a vuestros enemigos…” (Mateo 5:44), “…orad por los que os ultrajan…” (Mateo 5:44), “…estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo …” (Filipenses 2:3).

Ningún hombre por sí mismo logrará cumplir estos mandamientos. Sin embargo, son la propia naturaleza de Cristo y cuando “participamos” por fe de Él, se vuelven naturales en nosotros. Es la vida eterna en acción. Estas son algunas de las riquezas que encontramos en nuestro Señor.

Unos cuantos versículos más nos dirán lo siguiente: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera…” (Isaías 26: 3); “(Jehová) Fortaleza mía y mi libertador…” (Salmos 144:2); “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza …” (Gálatas 5:22); y, por último, “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

En verdad, estos son los tesoros celestiales que el dinero o el nivel de vida no pueden comprar. Estas “todas las cosas” son para cada persona que recibe a Jesucristo. Uno que come un pedazo de pan le extrae lo nutritivo. Así uno que participa del “… pan de Dios…” recibe vida y fortaleza espirituales. A pesar de todas las distintas cosas que pudiera hacer, la obra principal del Espíritu Santo es revelarle a Cristo al creyente.

Podría parecer una ilustración muy cruda, pero como el proceso de asimilación transforma el alimento en sangre, fuerza y tejidos corporales, de igual modo el Espíritu Santo toma la Palabra y la hace real para nosotros. Nuestra parte es “comer” la Palabra. Lo hacemos al creer y actuar en base a ella. La Palabra de Dios no actúa si permanece como un alimento sin tocar. Nunca ayudará ni satisfará.

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