Pensamientos Divinos

IMG_5218Amorosos Pensamientos De Dios
  Por G. D. Watson
Cada pensamiento amoroso que tenemos hacia nuestro Padre Celestial es música para sus oídos. Nunca pensemos en Dios con dureza o como el que nos trata con severidad. Cada pensamiento equivocado que tenemos hacia Dios contrista su espíritu amoroso, debilita nuestra fe, enfría nuestros afectos, perjudica nuestro ardor y complace a Satanás.
Dejemos establecido siempre y para siempre que Dios es amor, que todo lo que Él hace o permite lo hace en amor. Es un hábito de mucha bendición irnos a dormir cada noche pensando en Dios con pensamientos de afecto y adoración y anhelos de Él, y despertarnos cada mañana con pensamientos amorosos del Infinito en cuyos brazos hemos pasado inconscientes la noche.
Cuando algo triste o doloroso viene a nosotros o nos asalta la tentación, es de bendición tornar instantáneamente nuestros pensamientos hacia Dios y buscar para encontrar su presencia en ello, y tener una visión amorosa de Él antes que nada, de modo que podamos ver que en el mismo principio de todo lo doloroso o angustiante, mi Padre Celestial está conmigo en esta prueba, su presencia la envuelve, y Él es amor. Así que cuando la victoria sobre esas cosas se hace visible, veré que fue por mi bien y para su gloria.
Tras de cada tormenta hay un arco iris que se descubrirá tan presto como la luz lo pueda tocar. En cada dolor y angustia de la vida, Dios ha plantado un arco iris que se verá a su debido tiempo cuando Él pueda revelarnos la luz de su amor cayendo a través de él.

La Prueba Del Amor Verdadero
  Por Andrew Murray
«…Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» (1 Juan 4:20).
¡Que pensamiento tan solemne, que nuestro amor a Dios se pueda medir por nuestro diario intercambio con los hombres y el amor que refleja, y que nuestro amor a Dios no será más que una desilusión, a menos que su autenticidad se muestre en la permanente prueba de la vida diaria con nuestros prójimos!
Es lo mismo con nuestra humildad. Es fácil pensar que nos humillamos ante Dios. Nuestra humildad ante los hombres será la única prueba suficiente de que nuestra humildad ante Dios es real, que la humildad ha tomado su permanencia en nosotros, y se ha convertido en parte de nuestra propia naturaleza, que como Cristo, realmente nos hemos despojado a nosotros mismos (Filipenses 2:7). Cuando la humildad de corazón se ha convertido, no en una postura que asumimos durante un tiempo mientras pensamos en Dios u oramos, sino en el propio espíritu de nuestra vida, se manifestará en todo nuestro comportamiento hacia nuestros hermanos.
La lección es una de profunda importancia: la única humildad que es realmente nuestra no es la que tratamos de mostrar ante Dios en oración, sino la que cargamos con nosotros, y que realizamos en nuestra conducta ordinaria.

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