Delicadamente peligroso

IMG_0334Un extracto candente del mensaje: “Para predicar al Cristo crucificado debemos estar crucificados de George Watson”.

La vida divina es un camino de fe
Cuando Pedro miró a las olas del mar, su mente perdió el brillante concepto de la omnipotencia de Jesús, así que comenzó a hundirse. Cuando Abraham vio las dificultades de cómo poder retener a su hermosa esposa en la presencia de un rey pagano y codicioso, él no sabía cómo iba a lograrlo y le condujo a mentir a causa de la dificultad aparente de su situación del momento que parecía excluir el cuidado omnipotente de Dios.
Nuestro Padre celestial permite que sus hijos estén rodeados de dificultades a veces, y el diablo usa estas circunstancias para tratar de convencernos que es una necesidad pecar para salir del apuro. Las mismas cosas que Dios usa para probar nuestra fe, el diablo las usa como un argumento para hacernos desobedecer.

Delicadamente peligroso
Muchos han caído de la gracia a la esclavitud del espíritu por tener un espíritu duro de crítica. Juzgar a otros es un pecado que es propio de los poco maduros en lo espiritual. En denunciar a otros hay un elemento de justificación propia, y a la vez de alabarnos nosotros mismos. Es imposible hablar mal de otro sin creernos mejores.
Muchas veces los que son tenidos por muy espirituales han denunciado el pecado en otros con tanto vigor que ellos mismos han caído en pecado más grave que aquel a quien denuncian. No hay nada más delicadamente peligroso que el condenar a otros.
Un antiguo escritor espiritual ha dicho que el “reprender a otro por un pecado requiere más gracia y humildad que cualquier otro deber”. A veces oímos a personas decir que “debemos dar duro contra el pecado”, pero si lo hacemos sin el espíritu de compasión y lágrimas, sólo lograremos herirnos nosotros mismos.
Es posible predicar con toda severidad y en una tonada de satisfacción propia que sólo divierte al enemigo de nuestras almas, y entristece al Espíritu de Dios.
¡Cuántos miles han perdido la dulzura del amor puro, la paz del andar en comunión con Dios, por las palabras cortantes como espadas, la crítica destructiva, el juzgar sin consideración y el condenar sin comprensión, ni amor!
La justicia propia es tan engañosa como otros pecados. Se eleva imperceptiblemente, haciéndose aparecer como muy perfeccionada en la gracia. El diablo les tentará a ser severos con otros, bajo el pretexto de ser valerosos o heróicos y sin temor en denunciar el pecado.
A Satanás no le importa cuantas veces lo denuncies a él y a sus obras; Si él puede lograr meter un poco de vinagre satánico en tus venas, eso sería la recompensa que él desea.

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