Abrumados sobremanera

IMG_0321(El “por qué” y el remedio)
Por W. C. Moore

¿Por qué será que en estos días hay tantos hijos de Dios —cristianos ardientes— que sufren pruebas hasta el punto de hundirse?

La respuesta se encuentra en la Palabra de Dios. Pablo y Timoteo ciertamente fueron cristianos ardientes y sinceros; no obstante, fueron abrumados sobremanera más allá de sus fuerzas (2 Corintios 1:8).

La respuesta

Gracias a Dios, no ignoramos el propósito de esto. Les fue enseñado la sumisión total, y la confianza en Dios mismo — no en su propia fe, ni en sus propios esfuerzos, ni nada en absoluto en lo que ellos mismos pudiesen hacer.

Leemos: “…pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Corintios 1:8-9).

No estamos abandonados

No es cosa de que Dios haya abandonado a su pueblo. ¡De ninguna manera! Nunca nos dejará “ser tentados más de lo que podéis resistir” (1 Corintios 10:13), pero seremos suficientemente tentados si en verdad nos entregamos completamente a Dios — y eso para enseñarnos que dentro de nuestra carne no mora ninguna cosa buena, y que toda nuestra esperanza viene de Dios.

Sin embargo, tenemos que desempeñar nuestro papel; debemos servir a Dios con todo corazón. Y es entonces que nos revela Dios nuestra propia insuficiencia, y nos da su fuerza poderosa en lugar de nuestra debilidad. Él nos ha dicho de procurar entrar en aquel reposo (Hebreos 4:11).

1 Corintios 10:12 dice: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”.

Como un centinela que está haciendo guardia, ¡tenemos que estar alerta siempre! “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:34-36).

Jesús, el Hijo de Dios, la Cabeza de la iglesia, dice: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

Abrumado

Frecuentemente, mientras que una alma ardiente tiene comunión con el Señor, surge alguna prueba grave, o alguna molestia, o alguna condición en la obra o en la casa, lo cual le deja abrumado.

¡Ay! Cuántas veces se olvida que no es la cosa misma, no es aquella persona desagradable, o aquella condición imposible, no son las circunstancias —cualesquiera que sean— que tengamos que luchar. !Cierto que no! Podría írsenos el tiempo en debatir con alguien que no está de acuerdo con nosotros y que se opone en nuestro trabajo, etc. — podríamos resistirnos a aquella persona hasta el día del juicio final, ¡hasta que nos hallemos en último caso completamente frustrados!

La Palabra de Dios dice muy claramente que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra… potestades… de las tinieblas…” (Efesios 6:12). Y la única manera de vencer al diablo y a todos los gobernadores de las tinieblas, es de esperar al Señor y tener nuevas fuerzas (Isaías 40:31), ¡y así recibir la ayuda y la dirección de Dios en el combate!

Esfuerzo al cansado

¿A quién da Dios fuerzas? Al cansado. ¿A quién multiplica Él las fuerzas? Al que no tiene ninguna (Isaías 40:29). No importa cuánto dominio tengamos nosotros mismos naturalmente, ni cuánta fuerza de carácter tengamos, no será de ninguna ventaja en la batalla contra las potestades del diablo. Aun “los jóvenes flaquean y caen” (Isaías 40:30).

Lleve ese “aguijón” a Dios en oración

Pablo tuvo un aguijón en la carne. Él le llevaba a Dios hasta que Dios respondió. Aquel “aguijón” —el mensajero de Satanás— fue algo que atormentaba a Pablo. Sea como fuera, muchos cristianos buenos en estos días saben lo que es tener un aguijón en la carne en la forma de una persona. Es inútil contender con ellos. Tenemos que contender con el diablo, quien está detrás de la escena, riéndose de nuestros esfuerzos inútiles para vencerlo; ¡y la única manera posible de derrotar al diablo es que nosotros recibamos la respuesta eficaz de Dios a nuestro favor.

Dijo Melancthon: “La aflicción y los problemas grandes me impiden orar, y la oración ahuyenta estos”. Dios trata ahora con esa situación, y le permita hacer de ella una gran bendición ¡para humillarnos y enseñarnos a poner nuestra confianza solamente en Él!

Romanos 8:28

Nuestro bendito Padre celestial quiere que nosotros dejemos a Él todas las cosas, y así nos ayuden a bien (Romanos 8:28). Desea que nosotros seamos tan ungidos con su Espíritu que nos pulamos por la muela de vida — ¡no pulverizarnos!

La esposa de Juan Wesley

Juan Wesley tuvo una esposa terrible. Ella le atormentó mesmesurada-mente. Pero él dijo que atribuyó la mayor parte de su buen éxito a su esposa — porque ella le mantenía arrodillado; y por causa de estar siempre arrodillado él tenía la victoria.

Orar hasta alcanzar la victoria.

Los tres discípulos que andaban más cerca de Jesús perdieron la victoria y la bendición de Getsemaní porque se durmieron antes de orar hasta alcanzar la victoria. Jesús pagó el precio. ¡Él oró con gran agonía hasta que alcanzara la victoria! Por ahí en aquella hora de la noche, luchando una batalla intensa contra los enemigos espirituales —las potestades de las tinieblas— Él venció y no tuvo que usar las armas carnales, o tomar una espada como hizo Pedro cuando cortó la oreja de alguien en defensa de Cristo. ¡Dios defendió su causa (Lea Mateo 28:31-54)!

Venid a Mí… Yo os haré descansar”

Nunca oraríamos tan seriamente si no tuviéramos aflicciones. Hermano probado y tentado, perplejo y abatido, miremos a Jesús, el bendito Hijo de Dios, y confiemos en Él de lleno, por malo que sean las cosas. ¡De cierto, Él nos ayudará a salir gloriosamente! ¡Alabad su nombre! ¡Que cada prueba sea como un trampolín para una jornada más íntima con Dios!

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2). “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18). Abrumados sobremanera

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