¡No escuchen a la serpiente! P.1

Por A. E. Reinschmidt
IMG_0311

“El enemigo” nos acerca bajo muchos disfraces. Él viene como “ángel de luz” (2 Corintios 11:14); como “el hombre de pecado” (2 Tesalonicenses 2:3); como “león rugiente” (1 Pedro 5:8); como “la serpiente antigua” (Apocalipsis 20:2); etc. Sobre todo, es más engañoso que una serpiente, porque en este disfraz él pretende una gran solicitud para tu mejor ventaja: tus derechos. Él siempre hace que se dude de los motivos de la persona a quien le echa la culpa.

En su manera furtiva y rastrera, “la serpiente” acusó a Jehová Dios de un motivo egoísta en su mandamiento a nuestros primeros padres —de que ellos no debían comer del fruto del “árbol que está en medio del huerto” (Génesis 3:3). La serpiente insinuó a Eva que Dios era injusto, aun egoísta. Él suelta las mismas indirectas en contra de cada persona del cual él nos quiere separarnos.

Siendo la misma esencia y espíritu del egoísmo, “la serpiente” siempre estimula al egoísmo de los que le escuchen. Hizo creer a Eva que él tuvo presente el interés de ella cuando insinuaba contra la bondad del Señor.

En creer las mentiras de la serpiente, Eva y su esposo fueron más censurables que cualquier de sus descendientes. Ellos poseyeron un reino por derecho propio (Salmos 8:6-8). Tuvieron un jardín bello, en el cual Dios entraba y paseaba. Ellos tenían la vida de larga duración. Fueron vestidos de luz; de hecho, ellos tuvieron todo.

Pero todo lo que tenían, ellos lo cambiaron por la promesa mentirosa de la serpiente de que ellos estarían iguales con Dios en la sabiduría si ellos le escucharan a él (el diablo en la serpiente). He aquí el primer “dividendo”: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos” (Génesis 3:7).

No fue por casualidad que el resultado del primer encuentro del hombre con la serpiente se exhibe en las primeras páginas de la Biblia, donde todos pueden leerlo y escarmentar en cabeza ajena. Nadie nunca ha prosperado por escuchar al diablo. Él es el primer mentiroso y ladrón. Sin embargo, de una manera u otra, nosotros todos escuchamos esa voz malvada, esperando así ganar algo.

Cuando escuchamos a la serpiente, ponemos el ego en el lugar de Dios en nuestra vida. La primera cosa que hacemos cuando empezamos a escucharle es de distraer la atención de Dios al ego, porque la serpiente habla a través de nuestra naturaleza caída, nuestro “viejo hombre” (Efesios 4:22). Todo lo que dice esa voz es adverso, porque proviene del “adversario”. Siempre es contraria a una aceptación literal de la Palabra de Dios, y de obediencia a sus mandamientos.

La serpiente puso en duda la palabra de Dios cuando seducía a Eva. Él corrompió la mente de ella, primeramente contra la palabra de Dios, y luego en contra de sus motivos (2 Corintios 11:3). “¿Conque Dios os ha dicho…? No moriréis; sino que sabe Dios que… seréis como Dios” (Génesis 3:1-5).

CONTINUARA

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s