Rendir nuestros hijos a Dios Final

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Reposa dentro del marco de nuestra autoridad espiritual el orar por nuestros nietos de una manera similar. Dios nos ha dicho que Él es fiel hasta mil generaciones a los que Le aman. En Deuteronomio, Dios les dijo a los hijos de Israel: «Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones» (Deuteronomio 7:9).

No lo puedo comprobar, pero tengo motivo como para sospechar que mi cuarta generación de bisabuelos consagró a sus futuros descendientes a Dios. Digo que lo sospecho porque no tengo una documentación concreta de las oraciones de mis bisabuelos que se remonten a esas generaciones. Sin embargo, puedo ver el fruto de sus vidas a través de varias generaciones, y mi sospecha se convierte en evidencia concreta de que oraron por las generaciones futuras. Como vamos a ver en el capítulo cuatro, mi bisabuela de tercera generación se humilló a sí misma ante una iglesia de la que ella contribuyó materialmente en formar y pidió perdón a sus miembros. Por generaciones venideras, los hijos, nietos y bisnietos de Delaney Bass seguirían a Jesús y lo amarían con todo su corazón.

Orando con las promesas de Dios para nuestros hijos

Hay mucha gente que se ha desilusionado porque les han entregado a sus hijos y nietos a Dios. Pero con todo, siguen viviendo lejos de Dios. Cuando pasa eso, debemos asegurarnos que estamos aplicando el segundo principio – orando las promesas de Dios para nuestros hijos. Dios nos ha prometido tanto en Su Palabra. Esas promesas están enterradas como grandes tesoros que esperan descubrirse. Dice la Biblia: «…la fe es por el oír y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17).

Cuando escribo de orar las promesas de Dios, hay mucha gente que malentiende lo que quiero decir. Empiezan a buscar desesperadamente por una promesa entre las Escrituras para tratar de encontrar algo que diga lo que desean para sus hijos. El problema con un enfoque así es que cualquiera puede hacer que la Biblia diga casi cualquier cosa que ellos quieran que diga. Nacido de un deseo apremiante en sus corazones, encuentran algo en la Biblia que diga lo que quieren oír. Eso no es orar las promesas de Dios. Eso es crear una ilusión en lugar de reclamar una promesa sólida de Dios.

Si vamos a aplicar el principio de orar las promesas de Dios para nuestros hijos, entonces el lugar de reunión debe jugar un papel importante en la aplicación del principio. Venimos con una sola motivación al lugar de reunión – el de conocer y amar a Dios. Nos acercamos al lugar de reunión – el de conocer y amar a Dios. Nos acercamos al lugar de reunión con un corazón listo a compartir con Él lo que está en nuestros corazones y a escuchar lo que está en Su corazón. Encontramos una dulce comunión con Dios en el lugar secreto.

La oración es, en su forma más básica, la comunión de dos corazones. De esos dos corazones – el corazón de Dios y el corazón del hombre, ¿a cuál de ellos cree que debemos poner la mayor atención? La Biblia describe al corazón del hombre como «más engañoso que todas las cosas» y «perverso» (Jeremías 17:9). Mas el corazón de Dios es puro, santo y confiable. De esos dos corazones, ¿de cuál deberíamos dedicar la mayor parte de nuestro tiempo en oración?

Obviamente, es el corazón de Dios. ¿Cómo llegamos a saber lo que está en el corazón de Dios? Lea Su Palabra. Hallamos el corazón, la naturaleza y los atributos de Dios en las Escrituras. Al leer a través de la Biblia sistemáticamente, Él nos habla. Por eso es que llamamos a la Biblia la Palabra de Dios. Si usted quiere oír lo que Él tiene que decir, entonces tiene que ir al lugar donde Él está hablando. Usted no asiste a una clase de matemáticas para oír una lección en biología. Si usted quiere oír hablar a Dios, pues tiene que ir con regularidad al lugar donde Él está hablando. No va usted con su propio orden del día. Usted va allí a escuchar. Él hablará. Un día de estos un versículo de las Escrituras va a brincar de la página, y usted va a saber que Él ha hablado. Él hablará de aquellas cosas que están cerca de su corazón. Él le hablará a usted de sus hijos.

Cuando sus hijos se alejen de Dios, puede reposar con certeza que Él cumplirá Su promesa. Afuera todo podrá parecer inhóspito, pero Dios le llenará el corazón con la paz que sobrepasa todo entendimiento. FIN

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