Fe en la Palabra y en Cristo P.1

A man walks through a garden on an autumn day in SrinagarPor  J. C. Rayle

El verdadero cristianismo es la batalla de la fe. En este sentido la guerra cristiana es totalmente diferente de los conflictos de este mundo. No depende del brazo fuerte, del ojo avizor ni de los pies rápidos. No se libra con armas carnales, sino con las espirituales. La fe es el engranaje con la cual gira la victoria.
Una fe general en la verdad de la Palabra escrita de Dios es el primer fundamento del carácter del soldado cristiano. Es lo que es, hace lo que hace, piensa lo que piensa, actúa como actúa, tiene la esperanza que tiene y se comporta como se comporta por una sencilla razón: Cree en ciertas premisas reveladas y explicadas en las Sagradas Escrituras. «…Es necesario que él que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es galardonador de los que Le buscan» (Heb. 11:6).

Una fe especial en la persona, obra y el oficio de nuestro Señor Jesucristo es la vida, el corazón y el móvil del carácter cristiano. Una persona ve por fe a un Salvador invisible quien lo ama, dio Su vida por él, pagó sus deudas, cargó con sus pecados, llevó sus transgresiones, resucitó por él y aparece en el cielo para él como su Abogado sentado a la diestra de Dios.
Ve a Jesús y se aferra a Él. Viendo a este Salvador y confiando en Él, siente paz y esperanza, y con gusto batalla contra los enemigos de su alma. Ve sus muchos pecados, su corazón débil, un mundo tentador, un diablo activo y, si mirara sólo a estos, se desesperaría. Pero ve también a un Salvador poderoso, un Salvador intercesor, un Salvador comprensivo – Su sangre, Su justicia, Su sacerdocio eterno – y cree que todo esto es para él. Ve a Jesús y pone sobre Él todo su peso. Viéndolo a Él, sigue luchando alegremente con la confianza de que los que creemos en Él «somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Rom. 8:37).

Una fe viva habitual en la presencia de Cristo y Su pronta disposición para ayudar es el secreto de la lucha victoriosa del soldado cristiano. Nada le quita mejor al soldado las ansiedades de la guerra que la seguridad del amor y la protección continua de Cristo. Nada lo capacita para aguantar el cansancio de velar, luchar y contender contra el pecado como la confianza interior de que Cristo está de su lado y, por ende, el éxito es seguro.

CONTINUARA

 

 

 

 

 

 

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